Carlos Gabetta es uno de los periodistas más prestigiosos que ha dado Argentina a lo largo de su historia.
Analista político, económico, ex corresponsal de Radio Francia Internacional, redactor de la Agencia France Presse, todo ello y mucho más forman parte de su trayectoria como comunicador de la realidad, no sólo argentina, sino también latinoamericana.
Eterno educador, a través de sus editoriales en Le Monde Diplomatique, se dedicó a fustigar duramente a la dirigencia política y sindical argentina y, actualmente, mientras el Bicentenario del 25 de Mayo se aproxima, advierte sobre los errores pasados y presentes que se produjeron y vienen ocurriendo en el país, alertando sobre la necesidad de un cambio, antes de que sea demasiado tarde.
Para ello, el prestigioso escritor dio inicio ayer a un ciclo de conferencias que tendrá lugar en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo y que se tratará de la necesidad de pensar la nación de cara al Bicentenario.¿Cómo es pensar la nación, de qué se trata el ciclo de conferencias?
Se trata de señalar cómo una sociedad es un organismo vivo, igual que cualquiera de nosotros, que se enferma, se engripa, sufre enfermedades graves, como lo fue con la sociedad alemana que durante el hitlerismo vivió una grave enfermedad y que cuando quedó partida en dos siguió siendo una nación a pesar de estar dividida. Ese es un concepto interesante de fijar entre nosotros, porque nunca hemos concebido esta clase de conceptos, de que somos un grupo, más allá de la diferencia de clases, que las hay y que no podemos negar, pero tenemos que encontrar una manera de establecer ciertas reglas entre nosotros que nos permitan no sólo convivir, sino disfrutar de nuestras ventajas. Argentina es un país extremadamente viable y posible. Somos muy pocos en un territorio enorme y extremadamente rico, podríamos vivir todos en la provincia de Buenos Aires y bien además, pero para eso tendríamos que ser alemanes o japoneses. De eso se trata, toda este reflexión tiene que ver con que el mundo entero está viviendo un momento de cambios, de las estructuras productivas, climático. Estamos acercándonos a la superpoblación, dentro de 25 años vamos a ser 9 mil millones en la Tierra, se está contaminado el agua y ya sabemos que va a faltar, ¿y qué vamos a hacer con eso? De modo que un país como Argentina, que tiene agua, territorio y escasa población, que está lejos de todos los conflictos mundiales, en lugar de tener una pelea como la que tuvimos el año pasado entre el Gobierno y el campo, debería esta unida como nación, con conflictos, porque todas los tienen, pero debería estar unida como nación para aprovechar esas circunstancias. Se trata de verificar que en distintos momentos nuestra nación fue “pensada”, es decir, que debido a una serie de circunstancias internacionales y locales, fueron lanzando ideas que luego se fuero materializando con el tiempo. Nosotros hicimos la Independencia pero después tuvimos una guerra civil que duró treinta años y luego vino la generación del 80.
Usted habla de Independencia, pero a casi 200 años, ¿se puede hablar de una Argentina independiente?
Es una botella medio llena o medio vacía. Si consideramos la importancia que tiene el capital multinacional en nuestra economía y en nuestra producción, somos muy poco independiente. Si consideramos que nos damos elecciones cada cuatro años, que elegimos a nuestros propios representantes, que podemos viajar libremente por el país, que participamos en Naciones Unidas, entonces sí, somos ciudadanos libres e independientes. Pero de qué sirve eso si reina la inseguridad en la calle, si 40% de los trabajadores está en negro, si hay 20% de marginalidad en todo el país, si la Justicia no funciona, si tenemos una dirigencia política y sindical corrupta, evidentemente en esas condiciones no somos libres. Esto no es algo exclusivo de Argentina, es un problema que se da en todo el mundo, pero en países como el nuestro que nunca han alcanzado a cuajar en una sociedad que se entiende, adquiere una gravedad mucho mayor.
En ese contexto, ¿es posible que vuelva a ocurrir una situación similar a la del 2001?
No creo que esa sea la situación. A mí me parece que eso tiene que ver con campañas de prensa de la oposición. Justamente, la dificultad para saber las condiciones en las que está el país es que no somos una nación que debate en serio. La oposición dice que vamos hacia otro 2001 y no lo puede probar, porque la deuda está renegociada, las reservas son altas y, por otro lado, el Gobierno dice que la situación está muy bien y tampoco lo puede probar porque falsea las cifras del INDEC; porque la gestión del dinero de la Anses, que pasó de las AFJP a la Anses es muy poco transparente;?porque por un lado, intenta cobrarle altos impuestos a la producción agropecuaria -cosa con la que yo estoy de acuerdo ya que normalmente es un sector de gran rentabilidad- pero por otro lado permite que las empresas extranjeras mineras paguen sólo 3% de impuestos, que el sector financiero y la timba no paguen impuestos. Entonces a quién le creemos si todo el mundo falsea, nadie debate en serio, nadie da argumentos, nadie ofrece pruebas de lo que dice. Por otra parte, qué es lo que significa que vamos hacia el 2001 en un momento en que Estados Unidos es un país técnicamente quebrado, porque tiene una deuda, un déficit fiscal y uno comercial monstruoso. Entonces de qué habla nuestra derecha, qué es lo que nos propone. Por otro lado nuestro Gobierno le quiere cobrar impuestos al campo y no se los quiere cobrar a la especulación financiera ni a las mineras. Somos el único país del mundo donde se venden millones de hectáreas a los extranjeros, es una república bananera nuestro país. Pero la culpa no puede ser sólo de los políticos.
Miremos a nuestra dirigencia sindical.?En todos los países de Latinoamérica hay dirigentes sindicales corruptos, igual que en todo el tercer mundo, pero en los países desarrollados casi no hay, porque la sociedad no lo permite, pero nosotros, en nuestro país, desde hace casi 60 años tenemos dirigentes sindicales muy corruptos y lo sabemos porque son muy ricos y sabemos eso porque conocemos dónde viven, las propiedades que tienen -porque no se molestan en ocultarlo- y a nosotros no nos importa, entonces no podemos decir que somos una nación, en esas circunstancias.Eso quiere decir que la culpa también es de la sociedad.
Una dirigencia política, del mismo modo que los medios de comunicación, no son más que el reflejo de cómo funciona una sociedad. Una sociedad que reclama, que exige, no tiene esos dirigentes políticos. En Inglaterra, el jefe de la Cámara de Diputados tuvo que renunciar porque se descubrió que había utilizado algunos fondos para cosas personales, pintarse la casa, viajar, por unos miles de dólares. Aquí, un dirigente político sindical nuestro se habría preguntado “¿por eso renuncia?, si aquí las estafas son por millones de dólares”. Cuando en el período del peronismo menemista se quiso informatizar el Banco Nación, la licitación comenzó en 75 millones de dólares y andaba por los 400 millones de dólares cuando se interrumpió -el famoso escándalo IBM-, la corrupción había multiplicado por cuatro. En los países desarrollados hay corrupción, incluso, de alto vuelo, pero cuando se los descubre se los echa, porque la sociedad y los medios de comunicación no lo toleran. A nuestra querida María Julia Alsogaray se le sigue reclamando un millón y medio de pesos y dice que no los tiene.De hecho, acá se lo votó a Menen por segunda vez, a pesar de los hechos de corrupción probados.
Nosotros tenemos la dirigencia política que nos merecemos y vivimos como nos merecemos.¿Qué le parece la campaña electoral que está viviendo Argentina?
Una vergüenza, porque lo de los candidatos testimoniales es una burla a la ciudadanía. Que un candidato que está en ejercicio en una Intendencia o en una Gobernación, que una candidata como la señora Michetti se presente a campaña, se haga elegir y luego no asuma, eso por un lado, y por otro lado, si analizamos el debate, no se habla de nada, de ninguno de estos problemas, no se habla de transparencia, no se haba de planes de corto, mediano y largo plazo, son todas acusaciones sin ninguna prueba, candidatos que hace dos años decían las peores cosas de otros, ahora los llevan de compañeros de fórmula y los presentan como si fueran maravillosas personas, entonces a quién creerle. La síntesis es que esta campaña electoral es una vergüenza.
¿Qué opina sobre el rol de Julio Cobos en el Gobierno?
Yo creo que si él realmente creía que no debía votar esa ley, hizo bien en no haberla votado, pero que inmediatamente tendría que haber ofrecido su renuncia, es lo que corresponde en una república que funciona, porque es un Gobierno, no puede haber opiniones tan contradictorias en un asunto tan clave en un Gobierno. De todos modos, él como presidente del Senado tenía el derecho de hacer eso, lo ejerció, pero, aunque la Constitución no lo obliga, creo que debería obligarlo la moral política.
Justamente, lo que falta en muchos.
Es un chiste, va todo el mundo con su mujer, su novia, Nacha Guevara, que puede ser admirable como actriz pero aceptó la candidatura y se fue de retiro a Tahití, entonces este país es joda y la gente acepta que así sea. Hay que volver a militar en los sindicatos, en los partidos, pero no a escuchar a los dirigentes, sino a leer los reglamentos internos y luego exigir que se cumplan, ver los puntos a modificar para que la democracia funcione plenamente, y tercero, exigir que los dirigentes entreguen una declaración de bienes personales y tratar de verificarla, es decir, tenemos que limpiar eso.
Yendo a Latinoamérica, ¿es posible una real integración?
Bueno, una de las razones por las cuales hay que pensar la nación, es que ahora hay que preguntarse qué es una nación, si sólo somos los argentinos o no. En el siglo XVII se decía que era una cantidad de individuos que viven en un mismo territorio y que hablan la misma lengua. Un siglo después se comenzó a pensar en una nación para diferenciarla del sistema político, por lo que ya no era solamente un conjunto de personas que viven en el mismo territorio y que hablan la misma lengua, sino que había cuestiones que tenían que ver con creencias religiosas, con un proyecto de futuro. Si uno mira América latina, se da cuenta de que hasta México hablamos todos el mismo idioma, excepto Brasil, con el que nos entendemos muy bien, por lo que podríamos decir que es todo una nación. Además, el mundo nos está empujando a eso, han desaparecido mercados tradicionales para nosotros, se están agotando fuentes de energía, por lo que debemos pensar qué vamos a hacer sobre eso, es interesante el tema, hay que verlo desde el punto de vita de la historia y comprender que la humanidad entera y cada una de las sociedades que la componen han tenido estos momentos en la historia y que al final han salido para adelante, pero que esos momentos suelen ser muy dolorosos, muy complejos y difíciles de resolver.
Sin embargo, algunos dirigentes latinoamericanos que hablan de integración tienen sus países muy divididos, tal es el caso de Chávez y de Evo Morales.
Esa es la crisis que hay que resolver. Hace poco un colega nuestro, Pedro Brieger, me preguntó si yo creía que si este gobierno perdía las elecciones con la derecha, el proceso de integración latinoamericana iba a seguir adelante y yo le dije que si el proceso de integración latinoamericana va a depender de los vaivenes políticos de cada país, entonces no habrá proceso. En Europa cambia la derecha, cambia la izquierda pero la Unión Europea sigue. Hay tensiones y conflictos de todo lío, pero la Unión Europea ya lleva casi 60 años. Es una pregunta con sentido, porque si acá ganara la derecha, la integración se iría al diablo, pero ¿ dónde iría la derecha, a Estados Unidos que está quebrado?
Mucho se critica al Gobierno nacional por usar fondos de la Anses para el rescate de empresas. ¿Qué evaluación hace usted de este tema?
Todos los sistemas de jubilación del mundo invierten su dinero, sería absurdo imaginarse que centenares de millones de pesos se van a quedar quietos devaluándose, esperando que la gente se jubile. Todos los países lo hacen, el tema es cómo se hace. Hablando de este asunto hace unos días con un amigo que vivió en España, él me decía que en todo el mundo se hace lo mismo, porque yo criticaba la manera en que la Anses estaba manejando esto, y él me dijo que hace unos años, un ministro de economía español anunció que iba a presentar una ley al Parlamento para utilizar 20% de la caja de jubilaciones y yo le hice notar la diferencia de que en ese caso había un proyecto, que anunciaba la cifra y que seguramente había una comisión de control y de técnicos que vigilaba dónde se iba a invertir el dinero de los trabajadores. Pero esto no es una culpa que se le pueda achacar a este gobierno, porque ¿acaso alguien sabe que hace Macri con el dinero de la Ciudad de Buenos Aires o dónde se publican las cuentas oficiales?
Siguiendo con la política argentina, ¿ha visto el proyecto de ley de radiodifusión del Gobierno nacional?
Estoy globalmente de acuerdo, porque creo que la obligación de un gobierno es garantizar que haya libertad de prensa, no libertad de empresa. La Unesco en 1980 formó una comisión que hizo un informe que va más o menos con la dirección de la ley que propone este gobierno, pero estoy de acuerdo porque habla de que tiene que haber medios públicos que tienen que ser del Estado y no del gobierno. Por ejemplo, la BBC de Londres es del Estado y cuando fue la guerra de Malvinas tuvo un conflicto con el gobierno inglés, porque cuando se hundió el Sheffield u otro crucero, la BBC dio la información, la cantidad de muertos, daba a conocer los reclamos que se hacían desde Argentina, cuándo había sido ocupada y entonces, Margaret Thatcher fue y les dijo que no podían decir eso porque estaban en guerra y les contestaron que ella era el Gobierno y que ellos eran la BBC del Estado. Ese mundo es totalmente diferente al que vivimos nosotros porque a Canal 7 y Radio Nacional, aquí hoy los maneja este gobierno, que dicho sea de paso lo hace bastante bien, pero cuando venga otro gobierno los manejará otro y se lo echará a Tristán Bauer, que es un excelente director de medios, y se traerá a otro, que quizá será bueno pero que defenderá otros intereses. Por otra parte, el Estado está obligado a ayudar a publicaciones cooperativas, a darles espacio a asociaciones sin fines de lucro, a las estudiantiles, a los sindicatos y demás. Eso es libertad de prensa, al lado de esos pueden existir Grupo Clarín, Turner, los que quieran, pero la gente puede expresarse de otra manera. Además ahora nos podemos manejar de otra manera con internet, que todavía no sabemos si puede ser un caos, pero, en todo caso, ofrece muchísimas oportunidades interesantes, así que no hay que escandalizarse tanto por el proyecto del Gobierno. Por otra parte, ¿un país puede permitir que extranjeros sean dueños de medios locales? En la mayoría de los países desarrollados, esto no está permitido y aquí hay medios internacionales que controlan grupos importantes, o sea que tampoco somos soberanos en eso. El periodismo argentino ha tenido épocas brillantes, no creo que esta sea una y no estoy haciendo el discurso del viejo choto que cree que cualquier época pasada fue mejor, pero los invito a comparar, por ejemplo, el programa de Pipo Mancera con el de Tinelli. Aquí todo se minimiza, todo se convierte en un chiste. Todos los políticos argentinos están pendientes de las caricaturas que les hacen en Gran Cuñado, es un disparate, pero esto habla mucho más de la sociedad que de los políticos e, incluso, esto tiene hasta razones históricas. Hasta los años 70 tuvimos uno de los sistemas educativos universales, laicos y gratuitos más importantes del mundo, y que no tenía nada que envidiarle a la educación inglesa, hoy, lamentablemente, no es la misma situación, ya que los profesores están mal pagados, no están al día en general porque no tienen tiempo de tomar cursos, de leer, de tomar seminarios, de viajar, entre los alumnos hay un alto grado de abandono, tenemos un grado de analfabetismo muy importante, entonces esa carencia educativa se refleja en la participación de la gente en la política, en la clase de exigencias hacia los medios de comunicación. Un diario como La Opinión, de Jacobo Timmerman, que vendía 100.000 ejemplares en los 70 cuando éramos 25 millones de personas, hoy no vendería ni 4.000 números. Además se ha perdido el pensar si al leer una noticia uno está leyendo algo que es verdad o no, los ciudadanos no tienen que creerse todo lo que se dice, si no se convierte en una situación religiosa cuando ante todo hay que tener una mirada crítica.
