Los tres hombres dormitan profundamente. Están cubiertos por frazadas hasta la cabeza, porque la luz les molesta, salvo uno que no aguantó más el calor y se estiró como si en realidad estuviera en una cama king size. Pero no, es la hora de la siesta en el Parque Cívico y dos de ellos lo hacen sobre los bancos del paseo ubicado a una cuadra de la Casa de Gobierno. El restante, eligió el césped.
La imagen fue tomada por un transeúnte y replicada días atrás por El Sol y muestra apenas un fragmento de las personas que, por algún motivo, tienen que dormir sin un techo. Eligen puertas de templos, el ingreso de los bancos donde hay cajeros automáticas, bajo los puentes de la Costanera o en las plazas.
Desde ONGs que se encargan de ayudar a este grupo de personas aseguran que cada vez son más jóvenes quienes acuden a estos lugares en busca de ayuda. Además, indicaron que existe un aumento de hombres y mujeres que no se encuentran viviendo en la vía pública, pero que se acercan a recibir un plato de comida.
Por otra parte, desde la Subsecretaría de Desarrollo Social explicaron que son cerca de 250 personas las que están sin techo en Mendoza, un número que permanece estable en el último tiempo.
Con el colchón a cuestas
Pedro tiene 56 años y hace más de uno que se encuentra sin hogar, por lo que pasa sus días en la puerta del Templo de los Jesuitas, ubicado en la esquina de calle Colón y Avenida San Martín.
“Yo vivía en una casa alquilada con mi sobrino, pero nos quedamos sin trabajo y yo no conseguí otro lugar, así que no me quedó otra que dormir acá”, expresó el hombre, quién explicó que “antes dormía en la vereda del templo sobre calle Colón, pero como están arreglando las veredas me llenaban de tierra. Duermo acá porque es mejor que en una plaza o un parque, porque muchas veces prenden los aspersores sin avisar y te dañan lo poco que tenés”.

Juan, Emanuel y Jesús son tres personas que se encuentran sin hogar hace algunos años y viven en los alrededores del Parque O´Higgins.
“Estamos decidiendo que hacemos, porque nos quemaron los colchones donde dormíamos y no sabemos donde vamos a pasar la noche”, indicó uno de ellos sobre los riesgos de dormir a la intemperie en la ciudad.
Jesús tiene 29 años, es oriundo de Santiago del Estero y vive en la calle desde los 20.
“Yo limpio vidrios para vivir el día a día y pasarle plata a mi nena, que vive con la madre. Antes nos ayudaban desde el gobierno, ahora solamente cuando hay elecciones, si no nada. Nos las rebuscamos nosotros”, expresó.

Por su parte, Juan señaló que desde Contingencia Social le dan una ayuda económica durante tres meses en invierno, y que el resto del año, le entregan un bolsón de mercadería por mes que tiene cerca de 15 productos básicos.
Con respecto a la seguridad, Juan aseguró que nunca pueden dormir bien, porque “siempre hay alguno que te quiere robar las cosas que tenés, o la comida o algún abrigo. Dormís con un ojo abierto, porque no sabés cuando te atacan por la espalda”, confesó ante la atenta mirada de Emanuel, que no participaba de la charla, sólo asentía.
Juan se confesó un amante de la lectura, aunque solo tenía dos libros, señaló que siempre que podía leer algo lo hacía.
“Me gusta mucho Liliana Bodoc, solamente tengo el libro de El espejo africano, pero me gustaría leer más de ella, me agrada mucho como escribe”, detalló.
Cada vez más jóvenes

El pastor Esteban Morales es el presidente de la Fundación El Camino, que regentea el albergue del mismo nombre. Allí no sólo le brindan un techo a las personas que viven en la calle, sino que también ofrecen capacitaciones en oficios y asesoría con trabajadores sociales.
Morales señaló que no hay un aumento marcado de gente que busca albergue, pero sí que cada vez hay más gente de menor edad buscando alojarse.
“Algo que nos llama la atención tiene que ver con las edades de las personas que llegan. Es cada vez más normal ver chicos de 18 o 19 años que acuden al albergue, hace pocos años no ocurría“, explicó Morales.
Desde la fundación explicaron que luego de la pandemia, hubo una especie de filtro, donde las personas que eran de otras provincias volvieron a su lugar de origen, por lo que el 90% de la gente que se alberga es mendocina.
Radiografía de las personas sin hogar
Priscila Segura es directora de Contingencia Social y Políticas Alimentarias de la provincia. La funcionaria dio especificaciones sobre las personas que se encuentran durmiendo en albergues o en lugares públicos.
“En total son cerca de 250 las personas que están sin techo, de las cuales en más de un 80 % son varones, mientras que las edades van, desde los 25 hasta los 70 años, aunque suelen ocurrir casos donde tenemos gente por fuera de esa franja etaria”, explicó la funcionaria.
La funcionaria detalló que los menores de edad que se encuentran en situación de calle se derivan a los Equipos Técnicos Interdisciplinarios. (ETI), quienes se encargan de velar por la seguridad integral de los menores.
Además, Segura señaló “que hay un grupo de indigentes de entre 5 y 6 personas que tienen identificadas desde hace mucho tiempo que no quiere acudir a albergues, a pesar de los múltiples intentos por parte del organismo”.

Albergues: una solución transitoria
Desde Desarrollo Social trabajan con dos albergues: Remar, donde se hospedan hombres y mujeres y tienen 70 camas disponibles, y “El Camino” que cuenta con 90 plazas sólo para hombres.
“Cuando la gente llega a nosotros, se les realiza una entrevista, si tenemos disponibilidad le ofrecemos un lugar, en principio por 10 días. Pero en el caso de que no pueda resolver su situación personal, ese tiempo se puede alargar. Además, se les entrega un pequeño subsidio para que puedan solventar sus gastos”, precisó Segura.
Morales coincidió en que “las personas llegan al albergue por diez días, pero hemos tenido casos donde se han quedado hasta dos años”.
Cristián García es voluntario en “La Pastoral de calle“, que es el organismo de la Arquidiócesis de Mendoza abocada al abordaje y acompañamiento de la situación de calle, y señaló que hay personas que tienen un techo y de igual manera se acercan a buscar alimentos.

Con hogar pero sin comida
“Desde el organismo hemos notado que hay cada vez más personas que viven en pensiones, pero se acercan a buscar un plato de comida“, explicó García.
El voluntario señaló que, si bien no hay un aumento de personas en la calle, sí es evidente un deterioro de la situación de las clases populares.
“Que se acerquen por un plato de comida es una muestra clara de que a los sectores de menores ingresos la plata no les está alcanzando”, sostuvo.
Trabajar por el otro
Tanto desde los albergues como de la Arquidiócesis remarcaron que el trabajo que realizan es voluntario, y con el fin de ayudar al prójimo.
“No es sólo asistencialismo lo que hacemos, buscamos que las personas que puedan encontrar un mejor lugar, o que puedan encausar sus vidas. Brindamos talleres de capacitación laboral y talleres de autoayuda. Queremos que la gente pueda tener una mejor vida”, explicó Morales.
En el mismo sentido, García señaló que se busca darle a quienes llegan, además de un plato de comida, un lugar donde se sientan acompañados.
“Acompañamos a las personas y utilizamos a ese plato de comida para ser un enclave de familia, de comunidad, para ir trabajando aspectos que tengan que ver con mejorar su situación. Abordamos la situación de las personas de manera individual”, explicó.
“El Camino” se encuentra abierto las 24 horas y brinda hospedaje y cuatro comidas diarias a quienes llegan al lugar, ya sea por derivación de la subsecretaría de Desarrollo Social, o a través de la Policía y está ubicado en Patricias Mendocinas al 568 en Capital.
“La pastoral de calle” realiza “El patio callejero”, que está abierto al público de lunes a sábado a las 20, donde se les da la cena a las personas en situación de calle, y los domingos a las 13 se brinda el almuerzo. Se encuentran en las inmediaciones de la Virgen de la Merced.
