La extensa sierra de Perú, especialmente al sur, ha albergado desde tiempos inmemoriales a variedades de camélidos que ofrecen las fibras naturales más apreciadas por la industria textil del mundo.

    Dos de esos camélidos sudamericanos fueron domesticados por el hombre, la llama y la alpaca, y son criados por comunidades campesinas en las regiones de Puno, Cuzco y Arequipa, principalmente, mientras que otras dos especies, el guanaco y la vicuña, viven libremente en las zonas más alejadas y escarpadas de los Andes. De las cuatro especies, sólo dos, la vicuña y la alpaca, ofrecen el pelo más fino y buscado para los hilados y lanillas producidos en la industria textil.

    Perú tiene en Sudamérica la mayor población de camélidos, con cinco millones de cabezas de las cuatro especies, de las cuales más de tres millones son alpacas y menos de 140.000 son vicuñas, de acuerdo al Ministerio de Agricultura.

    En vista de la escasez de la vicuña, a pesar de que su pelo es el más fino de entre todos los camélidos, la alpaca ocupa actualmente el primer lugar en la demanda de su fibra y Perú exportó confecciones con ese material por veinte millones de dólares en el 2006.

    El vellón de la alpaca tiene fibras finas y gruesas, dependiendo de su ubicación en el cuerpo del animal y de su edad al momento de ser esquilado. Su pelo es suave al tacto, absorbe hasta 15 por ciento de la humedad ambiental, tiene una característica singular para mantener la temperatura del cuerpo y su color abarca 24 tonos de crema, marrón, gris y negro.

    CAOS Y ESPECIALIZACIÓN.
Las comunidades campesinas que las crían se dedican a la esquila de su pelo entre noviembre y marzo para hacer su acopio y venta. Originalmente, el pelo de la alpaca era comprado al peso, sin distingo entre sus diversas calidades, lo cual llevó a que los criadores las cruzaran con la llama, que es más grande y con pelo más largo, para “poder ganar más plata”, según comenta a Efe la presidenta del Instituto de Investigación y Desarrollo de Camélidos Sudamericanos, Jane Wheeler.

    Ese cruce deterioró muchísimo la calidad de la fibra de alpaca, agrega la investigadora. Con el tiempo y después de identificar las distintas calidades en finura del vellón, Wheeler dice que las compañías compradoras “han comenzado a buscar calidad de fibra y a pagar precios diferenciales”, por lo que anima a los criadores a cuidar la cría de las especies.

    En Arequipa están afincadas cuatro grandes empresas dedicadas a la producción de hilados y telas de alpaca, que compran 90 por ciento de la fibra producida en el país. El trabajo de esas compañías con los criadores de alpaca se concentra ahora en capacitar a los campesinos en la selección de la fibra que producen, pues es una labor minuciosa y hecha a mano.

    “Nuestra visión es que en cada centro de acopio vamos a tener nuestras maestras categorizadoras y, por eso, las estamos preparando en las mismas empresas textiles”, comenta el presidente de la Federación Regional de Alpaqueros de Arequipa, Emiliano Maque.

    Sin embargo, las aspiraciones de la federación que dirige Maque, que incluye aumentar su producción, han chocado en los últimos meses con la caída en el precio de la fibra natural a casi la mitad del año pasado.

    LA CRISIS LLEGA A LAS CONFECCIONES. “Ahora nos están comprando a 7,5 soles (2,5 dólares) por libra de fibra de alpaca extrafina y entre 6 y 5,5 soles (2 y 1,8 dólares) por la libra de alpaca semifina”, señala Maque.

    El 2009 es “un año duro y difícil, donde todo el sector textil ha visto resentidas sus ventas, pero hay que tomar medidas correctivas a fin de pasar este temporal”, dice el gerente general de la empresa MFH Knits, César Linares, la firma que confecciona tejidos de punto de alpaca del grupo textil Michell, uno de los más grandes del país.

    Linares espera igualar los cinco millones de dólares vendidos en el 2008 por la venta de 220.000 artículos en tiendas de Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Asia. Los suéteres tejidos de lana de alpaca producidos por MFH son vendidos en Lima a más de 100 dólares en las boutiques, mientras que los abrigos cuestan entre 280 y 390 dólares. Una estola en pelo de la esquiva vicuña puede ser adquirida por 1.200 dólares.

    “Nuestros productos, por la alta calidad del material, con cualidades térmicas, de durabilidad y suavidad y la calidad del proceso en sí, van dirigidos a un mercado alto”, reconoce Linares.

    El 70 por ciento de su producción se vende en el extranjero. El ejecutivo dijo que sus clientes en el exterior han sido cautos en sus pedidos para este año, pero confía en que el fin del verano en el hemisferio norte se traduzca en mayores ventas. “Lo que nosotros vendemos es una prenda de abrigo, entonces, la campaña fuerte empieza a partir de agosto, cuando termina el verano boreal y empiezan a cambiar las vitrinas”, señala.

    FUSIÓN CON ORIENTE. Ante la crisis económica que ha forzado a ser más creativos, los hilados del grupo Michell han incursionado en el atelier de una de las diseñadoras de moda más destacadas en Lima, Sumy Kujon.

    Después de presentar colecciones de alta costura con alpaca en Madrid y París en el 2005 y el 2007, respectivamente, Kujon descubrió los hilados producidos por MFH para sus clientes en el extranjero, en los que mezclan “baby alpaca” con seda o cachemir.

    “Soy la primera diseñadora peruana que desarrolla estas fibras a nivel nacional”, afirma Kujon con orgullo. Kujon, descendiente de chinos, se identificó de inmediato con los hilados de alpaca porque “es oriente y es peruano, calienta pero a la vez no pesa y es fresco”.

    Los vestidos tejidos con hilados de “baby alpaca” tienen una textura menos densa que los producidos exclusivamente con alpaca y, además, reducen el abrigo que suele ofrecer esta fibra. La diseñadora admite que llegar a un desarrollo tecnológico de este tipo es caro, pero subraya que el resultado es espectacular para una industria dedicada a reinterpretarse.