Con más árboles y menos hormigón se podría reducir el impacto de las olas de calor y bajar la temperatura de los cascos urbanos. De acuerdo con datos del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE), del Conicet, el área Metropolitana de Mendoza es en promedio 6 grados centígrados más caliente que sus periferias.
Atravesados por el calentamiento global y con un verano que podría ser un infierno si se repiten las condiciones dadas en el Hemisferio Norte, los científicos locales advierten que se deben tomar medidas colectivas para mitigar las consecuencias que tienen los altos niveles térmicos en la salud, en la economía y en el medio ambiente.
Las ciudades de todo el mundo están sufriendo del fenómeno “isla de calor” que se caracteriza porque las altas temperaturas del centro urbano superan a la de los alrededores que no están densamente construidos, es decir, existe una diferencia en el microclima.

Este efecto en Mendoza está siendo estudiado por el INAHE, que entre el 2004 y el 2006 inició los primeros estudios para determinar, por medio de sensores, las diferencias de registros térmicos en distintas zonas de la provincia.
Érica Correa, investigadora principal del Conicet en el INAHE, señaló que en estos casi 20 años, con la expansión urbana, se sumaron nuevas islas de calor también en las periferias, por ejemplo, en el piedemonte.
“Ahora hemos empezado a hacer algunos trabajos con temperaturas superficiales obtenidas a partir de imágenes satelitales, pero, los primeros datos lo sacamos con estaciones de temperatura y humedad“, detalló.
El fenómeno se registra durante el período de enfriamiento entre las 20 y las 8, en todas las estaciones del año, donde las intensidades máximas oscilan entre los 8 y 10 grados centígrados, con valores promedio de 6.

Las zonas más calientes de Mendoza
En una entrevista brindada a El Sol, la especialista en Diseño Urbano Sustentable y Clima Urbano, afirmó que el punto más caliente de Mendoza está cerca de la Terminal de Ómnibus. “Según los datos, tenía 10 grados de diferencia con respecto al punto de referencia en el Sur, que estaba en Carrodilla, cerca de una reconocida heladería de Luján de Cuyo”, dijo.
Esta diferencia ocurre porque los materiales de construcción absorben y acumulan mayor radiación solar durante el día y lo liberan a la noche, haciendo que la temperatura sea más alta que en los lugares donde predominan la tierra y los árboles.
De esta forma, mientras que en Ciudad pueden hacer 27 grados centígrados, en Chacras de Coria, por ejemplo, baja al menos 4 grados.

Contaminación, pobreza y desigualdad energética
“Hasta ahora parecería un tema solo de temperatura. El problema es que está íntimamente ligada con dos o tres factores muy importantes. El primero tiene que ver con el consumo energético de los edificios que están en los espacios conexos a esa zona pública. Mientras mayor es la temperatura exterior, mayor es el consumo de refrigeración en el verano y mientras menor es la temperatura exterior, mayor es el consumo de calefacción durante el invierno”, dijo.
Y agregó: “Por otro lado, estas altas temperaturas de la ciudad, a diferencia de las zonas periféricas, también ocasionan que haya disconfort en los espacios públicos, con lo cual la gente los abandona. Sumado a esto están las enfermedades que ocasiona someterse al calor”.
El tercer factor es la contaminación. Según Correa, por cada grado que suben los niveles térmicos del aire, este hace de catalizador de reacciones entre los óxidos de nitrógeno que salen de los escapes de los autos y los compuestos orgánicos volátiles que andan dando vuelta en la urbe, provocando una reacción que termina siendo perjudicial para la salud y trae como consecuencia el aumento de enfermedades pulmonares, del sistema nervioso y cardiacas en la población.

La científica agregó que cuando hace calor, se demanda mayor energía contribuyendo al calentamiento global. Pero a su vez se da la dicotomía que los espacios comerciales que tienen aire acondicionado son más buscados que los que están a cielo abierto.
Para Correa la solución para mitigar este impacto se centra en la importancia de la acción gubernamental en este contexto. Ajustar códigos de edificación, promover materiales de construcción reflectantes y fomentar la vegetación, son algunas de las medidas que las municipalidades y gobiernos locales pueden implementar.
Además, enfatizó que se deben buscar soluciones naturales y sostenibles en lugar de recurrir a superficies de hormigón que contribuyen al problema.
“Si no hacemos algo ya, con las predicciones que tenemos con respecto al cambio climático, la vamos a tener difícil, no se pueden tomar las decisiones equivocadas“, concluyó.
