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En Argentina, una de cada cuatro personas tiene síntomas de “burnout” o agotamiento laboral. El dato se desprende de un sondeo que hizo en noviembre la Universidad Siglo 21, que desde 2018 monitorea periódicamente los niveles de bienestar y felicidad de los ciudadanos.

Pero a esta altura del año, a dicho cansancio y estrés que afecta a muchos, también se le puede sumar otro factor: la tristeza o angustia de las fiestas de Fin de Año.

Ante este panorama, especialistas aseguran que desde mediados de noviembre crecieron considerablemente las consultas para asistir a terapia en Mendoza, y además, brindaron algunas recomendaciones para sobrellevar este combo que puede ser explosivo.

Trabajadores “quemados”

El Síndrome del Quemado, mejor conocido como burnout, es una enfermedad que se manifiesta en algunos trabajadores, motivada por el agotamiento físico y mental, provocando una cronificación del estrés laboral. Fue declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un factor de riesgo.

En noviembre de este año, el Observatorio de Tendencias de Insight 21, dependiente de la Universidad Siglo 21 reveló que uno de cada cuatro argentinos tiene síntomas significativos de agotamiento laboral.

Uno de cada cuatro argentinos sufre burnout. Foto: Freepik.

Específicamente, el 26,9% de la población reportó sentirse demasiado exhausta para participar en otras actividades después del trabajo, mientras que el 23,5% expresó dificultades para relajarse al finalizar su jornada laboral.

Además, los jóvenes de 18 a 29 años son los que presentan el mayor nivel de burnout, superando al grupo de 50 a 59 años.

Combatir el burnout

A pocos días de fin de año, la psicóloga Belén Riccio (Mat. 3244), aseguró que han incrementado las consultas por ansiedad y estrés, por lo que brindó algunos consejos para tener presente durante esta época:

  • “Organización realista”: esto implica plantearse, tanto desde el aspecto económico como desde el personal o social, cuáles son las actividades que uno puede hacer, eventos a los que se puede asistir, enfrentando siempre los objetivos con la realidad. Además, expresó la necesidad de diferenciar el “debo hacer” del “quiero hacer“, sin sentir la obligación de responder a todo lo planificado.
  • Autocuidado: ante las numerosas actividades de fin de año, la especialista explicó que es común dejar de lado aspectos que fomentan el bienestar individual. Es una situación que puede derivar en descuido. Por ello, resaltó la importancia de conservar espacios y momentos para uno mismo.
  • Autorreflexión: si bien es uno de los puntos más complejos, la psicóloga invitó a replantearse qué es aquello que a uno lo moviliza internamente y por qué.

Presión social en las fiestas de fin de año

Bien cerquita a las fechas festivas, principalmente de Navidad, suele aparecer un malestar por duelos, por extrañar a los vínculos que a no están o aquellos que están pero uno está peleado. Es un conjunto de emociones como la tristeza, la angustia, la frustración, el enojo, que forman parte de los procesos del duelo“, especificó Riccio.

Además, la experta destacó que estas situaciones se desarrollan durante las fiestas por algo “culturalmente aprendido”.

Aprendimos que tenemos que estar bien, que tenemos que tener unidad con la familia a pesar de que exista un conflicto. Todo esto genera malestar, presión. El discurso histórico es que tenemos que amar a nuestro familiares, pero quizás ni el vínculo o la persona lo amerite“, señaló.

Las fiestas de fin de año pueden desencadenar angustia, enojo o frustración.

Ya sea en Navidad o en Año Nuevo, la psicóloga reconoció que pueden aparecer ciertos comentarios que generen incomodidad, enojo o tristeza, por lo que resaltó la importancia del autocuidado.

¿Para cuándo el novio/a? ¿Cuándo vas a terminar la facultad? ¿Cuándo van a tener hijos? ¿Cuándo vas a dejar ese trabajo que te hace tan mal? Son algunas de las preguntas incómodas que pueden surgir en las fiestas de fin de año.

Ante estas situaciones, la especialista sugirió establecer límites a través de la comunicación, expresándole a la persona que está del otro lado de manera asertiva, que uno no puede/desea hablar de esos temas.