Las viviendas con contenedores son sustentables y trasladables.

Para cubrir el déficit habitacional, ahorrar en costos y tiempo, la construcción de viviendas con contenedores se ofrecen como un ideal para aquellos que, además, quieren aportar a la sustentabilidad del planeta.

En Mendoza existen empresas dedicadas a cumplir la demanda de esta tendencia, que ganó terreno en los últimos años. 

Una ventaja es que a diferencia de las casas de fabricadas con un sistema tradicional de construcción, el tiempo en que puede estar listo el hogar es de 60 días. Además, son antisísmicas, tienen la capacidad de unirse varias cajas “como un lego” para crear los ambientes deseados y cuando una persona se muda, puede transportar su inmueble en un camión. Eso sí, es necesario ubicarlas sobre una base con cimientos o pilotes.

Sin demasiadas intervenciones y utilizando solo un contenedor, un monoambiente cuesta en la provincia 3 millones de pesos. Tiene 15 metros cuadrados completamente terminado, con revestimiento, equipamiento para el baño y hasta con aire acondicionado instalado.

Mientras que tres módulos ensamblados de 95 metros cuadrados, dependiendo de la empresa, puede conseguirse a 15 millones de pesos.

Casa con contenedor de Box Life.

Costos y sustentabilidad

Después de unos diez años, los containers marítimos pierden su vida útil, quedan en los puertos de su último destino y se convierten en material de descarte, por lo que, reutilizarlos colabora a reducir la huella de carbono. 

Estas unidades de carga tienen tamaños estandarizados, están fabricados en acero y aluminio, pueden estar reforzados con fibra de vidrio o madera para mayor resistencia y evitar la humedad. 

Por lo general son traídos de Buenos Aires o Chile y en el mercado se venden entre el millón y los dos millones de pesos. Sin embargo, es necesario realizar un correcto aislamiento interior, térmico y acústico, para que puedan ser habitables.

En este sentido, hay quienes aseguran que pueden llegar a ser más cálidas en verano o más fría en invierno, es por eso que es necesario aislarla correctamente. Como cualquier construcción, además se debe presentar el proyecto en los municipios para ser aprobados, trámites que son obligatorios en cualquier obra privada. 

El interior de una de las viviendas.

Augusto Flieller, de Box Life, empresa con base en San Rafael y que construye casas y las envía a todo el país, señaló que en el último tiempo, quienes quieren invertir en cabañas en el Sur provincial adquieren estos módulos porque son de rápida entrega. 

Uno de los más pedidos es el contenedor de 30 metros cuadrados (high cube), que tiene 12 metros de largo y 2,40 metros de ancho, por  2,90 metros de alto y 3.960 kilos vacío, aunque ya transformado queda en 7.500.

El diseño estándar cuenta con dos ambientes donde se ubican cocina comedor, una habitación y un baño y cuesta 15 mil dólares o 5.600.000 pesos.

“Si dividís ese monto por la cantidad de metros cuadrados que tiene la casa, te da un valor alto del costo del metro cuadrado, si lo comparás con una construcción tradicional”, Flieller.

Y aclaró: “Lo que pasa es que la gente no tiene en cuenta, es que es muy variable el tema de gastos porque nadie te habla de un metro de construcción de la casa completamente terminada en lo fino. Acá te llevas las puertas puestas, el piso flotante, el mueble hecho a medida…”.

De acuerdo con los últimos datos publicados por el Centro de Ingenieros de Mendoza, el costo del metro cuadrado de una vivienda económica bajo el sistema tradicional es de 1.027 dólares (a cotización oficial del Banco Nación) o 184.078 pesos.

Casa de Importainer sa.

Rocío Rodríguez, asesora comercial de Importainer, uno de los mayores importadores de contenedores de Argentina, explicó que no todos los barrios privados aceptan este tipo de módulos porque rompen con la estética.

Sin embargo, la propiedad cumple con características únicas y que muchas veces estas personas eligen estos diseños para hacer casas de fin de semana en la montaña. 

La asesora refirió que se convierte en la inversión perfecta para quienes tienen el dinero para construir y quieren una solución habitacional rápida.

“Es una construcción que tiene una durabilidad de más de 150 años. Es resistente antisísmica y no tiene problemas de humedad y requiere cero mantenimiento. Es más económico y es más fácil acceder a una vivienda container que a una tradicional”, dijo.

Uno de los productos que más venden son los monoambientes de unos 15 metros cuadrados, adaptando un container de los conocidos como 20 pies, de 6 metros de largo por 2,43 de ancho, que cotiza a unos 3 millones de pesos terminados.

La experiencia propia

La arquitecta Paula Cepparo fue una de las primeras en Mendoza que se sumó a esta tendencia, junto a Viviana Briggs y Laura Allevi tenía su estudio de arquitectura en la Ciudad de Mendoza y decidieron crear su lugar propio transformando un contenedor de 40 pies, es decir de 12 metros que ellas solas fueron transformando. 

En su momento, hace más de 7 años, la caja metálica les costó 32 mil pesos e invirtieron 150 mil en la adaptación. 

El estudio de las arquitectas.

“La gente cree que es económico, pero no lo es. Nosotros utilizamos una gran cantidad de material reciclado y no usamos mano de obra. El que quiere hacer su casa, se fija cuánto sale un contenedor y piensa que no es tan caro y no sabe todo lo que hay que ponerle para que sea habitable”, dijo con base en su experiencia.

Y afirmó que cuando se los utiliza como patio cervecero o verdulería, la historia es otra, porque no requiere demasiado.

“Ahora bien, si hay alguien que tiene dólares y tiene disponibilidad, es un modo de construcción rápida y no hay que correr contra la inflación y en menos de tres meses lo tenés. Lo que más se tarda es la carpintería de aluminio”, dijo. 

Otra de las ventajas para Cepparo es que si hay un sismo, la vivienda no se desplomará sumado a la contribución que se hace al medio ambiente al utilizar un producto cuyo fin era el descarte.

Algo más que una bodega

La bodega Maal, ubicada en Las Compuertas, Luján de Cuyo, es un emprendimiento vitivinícola íntegramente construido con materiales reciclados: paredes de contenedores, columnas con caños de tubbing y el techo de un viejo galpón.

María Eugenia Mora, la arquitecta a cargo del proyecto, afirmó que fue un gran desafío este diseño. “El techo se hizo con las cabriadas de madera de una bodega que tenía más de 100 años. Las desarmamos y las rearmamos para que fueran más resistentes usando toda la misma madera”, dijo. 

Matías Fraga y Alfredo Merlo son los propietarios de Maal. Buscaron que su bodega tuviera un diseño disruptivo, que no haya sido visto antes y que dentro de las posibilidades del presupuesto, generara un impacto positivo, que dejara un mensaje.

Tenemos afinidad con lo sustentable y el reciclaje, y nos pareció una linda idea. Los contendedores surgieron rápidamente. Un amigo vendía 20 de una fábrica que montó y venía todo en containers. Otro, nos canjeó los caños de tubbing por botellas de vino y otro, el techo de una bodega a cambio de su demolición”, recordó Fraga.

 El vitivinicultor aseguró que hay mucho material usado en Mendoza y que muchas veces con su socio se quedan mirando la marca de un contenedor y piensan “cuántas veces ese contenedor cruzó el Atlántico llevando vaya a saber qué cosas y esa energía queda en el ambiente”.

Sobre la inversión económica que debieron hacer, afirmó que “el costo no fue menor, fue igual a lo que hubiésemos gastado con el sistema tradicional, que no tiene nada de atractivo”. 

En cuanto a las desventajas, aseguró que fue difícil proyectar con anticipación: “Hay mucho de improvisación sobre la marcha y requiere mucha mano de obra”.

“La bodega sigue en obra, siempre se van sumando cositas. Es una construcción viva, va a ser parte de nuestro ADN, siempre vamos a estar haciendo cosas, mejorando”, dijo al señalar que le gusta compararla con obras como la Sagrada Familia de Gaudí, que fueron pensadas para ser construidas en etapas y durante un largo periodo de tiempo.