Paola Alé redactora de El Sol
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A la edad en la que tenía que cambiarle los pañales a las muñecas, la joven C. fue empujada a un mundo de adultos: cuidar a sus hermanos remplazó el juego. Más bien, lo volvió una mezcla entre la más dura realidad, la de una familia sin recursos en la que los niños se cuidan solo (porque la madre trabaja todo el día para mantener la casa) y la inocente ficción de un juego infantil, en la que C. se convertía en una pequeña madre a cargo de los niños menores.

Pero la marginación la llevó a enfrentar otro camino aún más duro: el del abuso infantil. Después de ser violada por su padrastro, tuvo que mentir para ocultar la vergüenza de estar embarazada a los 12 años.

Cerca, muy cerca en tiempo y lugar, la niña M., de la misma edad, llegaba al Lagomaggiore en estado desesperante, porque una infección le estaba llevando la vida. La causa: un aborto mal practicado que la dejó estéril en plena pubertad. En su entorno, todo es silencio, sólo flota el fantasma del abuso que nadie confirma.

Estos son apenas dos casos testigo de una problemática que no muestra visos de desaparecer, sino que, al contrario, se acrecienta: el fenómeno del embarazo adolescente, casi infantil. Casi de niños criando a otros niños. Historias que parecen de ficción, atravesadas por la más cruel de las realidades.

Según el médico Orlando Abbona, jefe de la sala de partos del Hospital Lagomaggiore, la edad de las niñas que concurren a ese centro asistencial a tener a sus hijos ha disminuido en los últimos años. Actualmente, tener que asistir a nenas parturientas de 11 años no es una situación tan excepcional.

Una realidad similar se percibe en el Sanatorio Fleming, la maternidad de la OSEP, la obra social más grande de la provincia. En este centro asistencial, dos profesionales a cargo del área de embarazo adolescente, Sonia Molina y Alejandra Reyes, dijeron que la edad de las niñas madres ha bajado, conociéndose casos de pequeñas de 10 u 11 años que concurrieron a dar a luz.madres niñas. Aunque es pequeña la porción estadística de los partos en mujeres menores de 15 años, en el Lagomaggiore explicaron que el número ha aumentado: pasó de 0,58% del total de los nacimientos en el 2007 a 0,79% en el 2008, y el especialista estima que durante el 2009 esta cifra crecerá. Tal número debe compararse con los cerca de 6.000 partos que se realizan en un año en esa maternidad.

El médico explicó, además, que los intentos de aborto y los abortos mal practicados con graves consecuencias para la salud de las jóvenes se dan más en esta franja etaria.por qué baja la edad. Según explicaron las profesionales de la OSEP, que baje la edad de las chicas embarazadas tiene que ver con dos situaciones. En primer lugar, las niñas tienen en la actualidad su primera menstruación más precozmente y, debido a que se desarrollan antes, también es más temprana su iniciación sexual.

Las especialistas hicieron especial hincapié en que las adolescentes inician sus relaciones sexuales tempranamente y en que, frente a esto, existe gran hipocresía y negación, tanto en el ambiente familiar como en el educativo. Entonces, sucede que las jóvenes llegan al momento en que tendrán sexo por primera vez sin una adecuada formación sexual. La falta de profilaxis con la que encaran su primera relación puede tener como resultado un contagio o un embarazo no planificado.los motivos. Tanto para el médico como para la jefa de obstetras del Lagomaggiore, Diana Acosta, los motivos de los casos de embarazo adolescente tienen que ver con la escasa contención familiar y con la poca educación sexual que reciben en la escuela.

Por su parte, las profesionales de la OSEP explicaron su punto de vista al respecto. Dijeron que una chica de esta edad no pierde sus proyectos por embarazarse, sino que es al revés: se embaraza porque no tiene proyectos. Por eso, es incorrecto hablar de “embarazo no deseado” en el caso de las madres adolescentes, más bien cabe llamarlos “embarazos no planificados”.

Según explicó Molina, muchas veces las chicas se quedan embarazadas para sentir esa relación de pertenencia con alguien, sentir que el bebé es suyo y que ese vínculo no se romperá.