Alfredo Cornejo se apartó unos pocos minutos del guionado discurso de la Asamblea Legislativa en uno de los apartados más delicados y complejos: el que dedicó a la minería. Y se corrió para exponer de una manera llamativa la síntesis que pretende para la economía de Mendoza: que se puede producir tanto vino como extraer minerales sin perjudicar el recurso más valioso, el agua.
Cornejo mostró en primer lugar una piedra. No era cualquier material, sino cobre. Minutos antes había validado la oportunidad que volverá a significar el Proyecto San Jorge, en el que se invertirán 550 millones de dólares y 3.900 empleos directos e indirectos.
“Este producto puede darle riqueza a Mendoza. La riqueza que le hace falta“, explicó con la piedra en alto, sostenida por una mano. Luego indicó que el cobre “puede contribuir al mundo en la electromovilidad. Tiene una demanda internacional para las próximas décadas que es clave. Puede hacer próspero a Mendoza“.
Pero luego mostró otro producto, aún más característico de Mendoza. Una botella de vino. “Este producto no debe ser incompatible con el vino“, graficó.
“Somos reconocidos internacionalmente por esto, somos premiados en el mundo, nuestra marca indeleble la produce esta maravillosa industria, la más competitiva“, expuso Cornejo, ahora con la botella en alto.
“Queremos tener el mismo prestigio y el mismo cuidado ambiental que tuvimos para esto, con este producto“, aseguró, volviendo a elevar la piedra ante la mirada de la platea política. “Queremos ser reconocidos como grandes productores de cobre para nuestro planeta“.
El mensaje fue sencillo y claro y recogió aplausos del oficialismo.
“Hagamos cobre, hagamos mejor vino y cuidemos el agua“, sostuvo.
Fue una improvisación para un político que cuida mucho lo que dice, pero más potente que lo que había dicho minutos antes con la misma idea: “La minería será el motor de ese progreso. Un progreso que respeta el agua, respeta el medioambiente y respeta a las próximas generaciones“.
