A 165 años del Terremoto de Mendoza de 1861, la Ciudad de Mendoza vuelve a poner en valor la memoria de una tragedia que cambió para siempre su historia y su fisonomía. El recuerdo no solo revive uno de los episodios más dramáticos del siglo XIX, sino que también refuerza el trabajo de preservación del patrimonio que aún sobrevive en el casco fundacional.

Este viernes se cumple un nuevo aniversario del sismo ocurrido el 20 de marzo de 1861, a las 20.36. En apenas dos minutos, un movimiento de magnitud estimada en 7,5 sacudió la provincia y dejó un saldo devastador: gran parte de la ciudad quedó reducida a escombros y más de 4.000 personas murieron. A la destrucción se sumaron incendios que se propagaron durante días, agravando aún más la tragedia.

El impacto fue tal que obligó a repensar por completo la capital mendocina. A partir de entonces, la ciudad comenzó a reconstruirse en un nuevo emplazamiento, en torno a la actual plaza Independencia, con un diseño urbano más abierto, calles amplias y espacios verdes pensados como zonas de resguardo ante futuros sismos.

Sin embargo, ese nuevo comienzo también implicó dejar atrás la ciudad colonial, que quedó sepultada bajo el tiempo.

Hoy, ese pasado vuelve a emerger a través de espacios como el Museo del Área Fundacional, ubicado en la Plaza Pedro del Castillo, donde se conservan restos arqueológicos del antiguo Cabildo y de la Mendoza original fundada en 1561. Allí, la historia deja de ser relato para transformarse en experiencia concreta.

El museo, creado en 1993, fue clave para recuperar esa ciudad desaparecida. Junto con las Ruinas de San Francisco y otros espacios patrimoniales, conforma un circuito histórico que permite reconstruir la vida colonial previa al terremoto.