“No hubo dudas anoche al interpretar el resultado de la elección: el oficialismo en pleno sostuvo que el cómodo primer puesto obtenido representa un aval ‘categórico’ de la ciudadanía al gobierno de Julio Cobos”. Así presentaba una nota del diario El Sol, publicada el 24 de octubre de 2005, el triunfo del radicalismo en las elecciones legislativas del día anterior. Y sólo con modificar el nombre del protagonista (Rodolfo Suarez en lugar de Julio Cobos), fácilmente se podría trasladar esa frase a lo que ocurrió este domingo en la provincia.
Ese triunfo del radicalismo de hace 16 años comenzó a blanquear una crisis que se cocinaba a fuego lento en un partido que históricamente se alimentó de las internas. Fue el gran envión para que Cobos y su tropa, con Alfredo Cornejo al frente, se animaran y comenzaran a armar su propia estructura para alejarse de Roberto Iglesias, por entonces indiscutido líder de la UCR.
El frágil equilibrio político interno estalló con el surgimiento del “cobismo”, que pocos meses después rompió definitivamente con el “iglesismo”. Lo que pasó luego es conocido: Cobos se acercó a Néstor Kirchner y en 2007 se convirtió en vicepresidente de Cristina. Pero al partido esa separación le costó muy caro, ya que perdió el control de la provincia a manos del PJ y tardó ocho años en recuperar el poder.
Pasaron 16 años, pero las similitudes son llamativas. Como Cobos entonces, hoy Suarez es el gran vencedor. ¿Ya se puede señalar al 14 de noviembre de 2021 como la fecha fundacional del “suarismo”? Es demasiado pronto para afirmarlo, aunque nadie debería descartarlo.
Por el momento “Rody” no tiene una estructura interna propia lo suficientemente preparada como para hacerle frente al dueño del partido (Cornejo), como tampoco la tenía “Cleto” para desafiar a Iglesias. Claramente no hay ningún indicio sobre una rebelión “suarista”, pero en 2005 tampoco existían señales fuertes de un quiebre como el que finalmente terminó ocurriendo en la UCR, más allá de las tensiones propias del poder.
Cobos llegó a la gobernación con la imprescindible bendición de Iglesias, pero claramente no era iglesista. Tampoco daba señales de cuál sería su futuro político al dejar el Sillón de San Martín.
Suarez llegó a la gobernación con la imprescindible bendición de Cornejo, pero claramente no es cornejista. Tampoco da señales de cuál será su futuro político al dejar el Sillón de San Martín.
Simples coincidencias de dos historias que se entrelazan, con protagonistas que se repiten:
- Cobos y Cornejo fueron los principales triunfadores hace 16 años y repitieron este domingo.
- En 2005, el candidato a diputado nacional del PJ fue Enrique Thomas que, cosas de la política, ahora llegará a la Legislatura bajo el sello de Cambia Mendoza.
- Omar de Marchi llegó al Congreso hace 16 años encabezando la boleta del Partido Demócrata. Ayer, si bien su nombre y su cara no estuvieron en el cuarto oscuro, fue otro de los grandes ganadores de la elección y ya se prepara para dar la pelea por la gobernación. Sí, como en 2005.
Claro que la película original y la secuela no son copias exactas. La principal diferencia es que Suarez y Cornejo sostienen, más allá de sus propios estilos y formas de gestión, un pacto de no agresión que se ha mantenido inalterable.
Cornejo se cuida de no criticar públicamente algunas decisiones que no comparte con Suarez. Y cuando las cuestiona, lo hace de manera sutil. Ocurrió cuando dijo que no hacía falta que el gobernador fuera candidato suplente a senador nacional para plesbicitar su gestión. Pero Suarez avanzó, logró el aval de la Justicia y luego en las urnas, y consolidó su figura.
Al contundente triunfo de Cambia Mendoza de este domingo ante un peronismo deslucido le faltó la foto de Suarez y Cornejo juntos, sonriendo y con los brazos en alto porque el presidente de la UCR nacional viajó a Buenos Aires para no quedarse fuera de otra imagen, la del festejo de Juntos por el Cambio en casi todo el país.
Su mirada, su proyección y su ambición apuntan a la Casa Rosada, aunque por ahora parece un objetivo muy lejano. De todas maneras, nunca dejó de auditar de cerca la gestión de Suarez, gracias a un grupo de dirigentes fieles que le responden y forman parte del Ejecutivo y otras dependencias claves del Estado.
“Es un hecho que parte de la ‘gente de Cobos’ ya cree que podría brillar con luz propia frente a la ciudadanía. Y es más: también creen tener los atributos necesarios para abroquelarse con otros sectores de la UCR donde se critica el estilo hegemónico del ex gobernador Iglesias”, destacaba aquel viejo artículo de El Sol. Cambiando algunos nombres, la historia podría repetirse. Sólo los radicales sabrán si aprendieron la lección.
