Hoy se cumplen 20 años del paso a la inmortalidad de ese bufón, trovador, juglar, cantautor, músico que se llamó y se llama Miguel Abuelo. “Algún día tendré que llamarlo a usted, padre de los piojos y abuelo de la nada”, escribió Leopoldo Marechal en su libro El banquete de Severo Arcángelo, sin imaginar que un joven desgarbado y de rulos, nacido como Miguel Peralta tomaría uno de esos nombres para darle forma a una de las bandas pioneras del rock nacional, Los Abuelos de la Nada.

    La urna con sus cenizas, después de un tiempo en una tumba en el cementerio de Morón (Buenos Aires), descansa en la actualidad en una cueva de la zona costera de Mar del Plata, por expreso pedido del creador de innumerables éxitos. Mientras que en una plazoleta cercana a la estación Ministro Carranza de la línea B de subterráneos de Tucumán, lleva su nombre y funciona el Centro Cultural Miguel Abuelo, donde su hermana Norma Peralta brinda clases de canto y las actividades son coordinadas por su sobrino Pablo Fogo.

ÍCONO DEL ROCK NACIONAL. Los Abuelos de la Nada, la banda de rock liderada por Miguel Abuelo y que fue una de las expresiones más frescas y renovadoras de la música popular a principios de los ochenta, tuvo para sus integrantes famosos diferentes realidades, algunas de ellas muy crudas. El líder del grupo,Miguel Abuelo, falleció muy joven, a los 42 años, el 26 de marzo de 1988, tras sufrir complicaciones en una intervención quirúrgica a raíz de padecer del virus del HIV.

    La muerte de Abuelo tuvo, además, connotaciones que sirvieron para que la prensa amarilla asociara al rock con el descontrol y para sacarle el jugo a una penosa muerte, la primera de un artista famoso en Argentina por culpa del sida. Miguel Peralta fue empleado metalúrgico, carpintero, verdulero y botellero. El Abuelo fue cantante, compositor, mimo y poeta de la vida, provisto de la universidad de la calle, del asfalto. En ambos casos, legitimó su forma de trascendencia recorriendo un camino que se sustentó en la confusión, el placer y la magia. Y ahora, tras 20 años de ausencia, es leyenda.