El aislamiento comienza a sentirse en la casa de Gran Hermano. Emocionalmente, los participantes se ven golpeados y, una de las más afectadas, es Romina que se distingue del resto porque afuera la esperan sus dos hijas.

Lo cierto es que la joven viene tambaleando y analizando cada vez con más fuerza la posibilidad de abandonar todo. Sin embargo, la sostiene traer a su mente a sus hijas. Paradójicamente, por ellas quiere irse, para poder verlas, pero por las nenas desea quedarse, para cumplir un sueño.

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En los últimos días, sufrió varias crisis. Armar el arbolito de Navidad no la ayudó mucho. Además, sabe que por estos días es el egreso de Mía su primogénita. Tampoco se olvida de Nina y Feli. De esta última, también se preguntó si ya habrá dejado los pañales.

La situación fue analizada en A la Barbarossa y allí contaron el verdadero motivo por el cual Romi ingresó a la casa más famosa del país. Uno de los panelista, indicó: “Cuando se separa de su marido, ella queda en una situación complicada”, empezó.

Luego de eso, detalló: “Me cuentan las amigas que el sueño de ella era estar en Gran Hermano porque principalmente lo que le interesa es la casa por la situación con sus chiquitas. Ahora están con el papá, lo que busca Romina es poder tener la independencia de tener su propia casa”.