Me lo dijo José, un amigo mío, preocupado por la supervivencia de los bichos. Resulta que se enteró (nos enteramos) que el Gobierno invertiría (siempre en potencial, porque uno nunca sabe si va a cumplir el Gobierno) algo así como dos millones de pesos en refaccionar nuestro Zoológico. La corriente mundial en este tema es ir desarticulando lentamente los zoológicos para no someter a los animales a condiciones de vida para las cuales no han nacido y los hacen sufrir. Propone José que cambiemos los zoológicos de animales por zoológicos de hombres.

    La idea puede tener ribetes interesantes. Supóngase usted una jaula en la que se exhiba a un empresario que se enriqueció de la noche a la mañana, sería una atracción. En otra jaula podría haber un sindicalista preparado para pelear (con palos, piedras, cuchillos o revólver) con otros sindicalistas. Podría existir una jaula donde se exhibiera uno o varios barrabravas (es una especie que abunda en manada) con todos los aditamentos tribuneros. Sería una de las jaulas más visitadas.

    Del mismo modo, podemos exhibir a un político de los que nos hicieron repelotita y que gozan de una libertad que ni siquiera es condicional. Algún conductor de los que pasan arrasando con la vida por las calles de nuestra ciudad podría ocupar un espacio especial. Seguramente, a usted se le ocurrirán otros especímenes tan atractivos como los propuestos. ¿Cómo dice? ¿Una jaula para suegras? Sí, bueno, estamos de acuerdo, pero no hay guita que alcance para albergar a tantas.