Buenos días, a pesar de todo. Estábamos en un asado en la casa del Horacio, que tiene una parrilla hecha con hierro del ocho, lo que le permite asar ancas de mamut completas. Habíamos hecho una vaquita y la habíamos mandado a comprar asado. Las vacas saben mucho de vacas. Cada uno había puesto cuatro pesos porque, si Moreno dice que con seis pesos morfamos en un día, cuatro pesos para un asado está sobrado. Al final, cuando ya estábamos atacando el postre –una feta de tiramisú para cada uno– comenzamos a hablar sobre esta idea de que los pibes voten a los 16 años. El Oscar, que sabe tanto de Historia como Ricardo Fort, expuso su teoría, dijo: “Hubo una época en nuestro país en la que votaban hasta los muertos; si seguimos bajando la edad de los electores puede que en el futuro voten hasta los no nacidos”. El Alejandro, que anda siempre con una pregunta encima, nos abrió una duda: “Che, si un pibe de 16 años puede elegir, ¿también puede ser elegido?”. De ser así, podemos llegar a tener un ministro de Educación que todavía sea estudiante o un director del PAMI de 15 años o un gobernador que, en vez de gobernar, se dedique a jugar a la Playstation. El gallego Pucciarelli, quien hasta entonces no había hablado, dijo con cierta preocupación: “Yo creo que un péndex de 16 años no sabe nada de lo que está ocurriendo en el país y no está en condiciones de emitir un voto consciente”. Ahí saltó el Valentín, que es tan pelado que se cae de espaldas y se pega en la frente, y le respondió al gallego: “¿Y qué, nosotros, los grandes, hemos demostrado que somos conscientes?. ¡Por favor! Hemos votado para el mismo dorso, a tal punto que elegimos tres veces a Menem ¿A vos te parece que ese es un voto responsable? Los pibes no pueden elegir peor que nosotros, no pueden”. El Daniel Talquenca, que hasta entonces había estado distraído buscando los tonos de La tupungatina, intervino en la conversación. A mí me parece que es una manipulación, porque si los pibes encuentran en la lista a un tipo que se llame Fernet Branca, seguro que lo van a votar a él. Además, el acto eleccionario va a tener que comenzar a las dos de la mañana porque, antes, los pibes tienen que hacer la previa. El Nahuel Sosa, estudiante avanzado de Psicología Benigna tomó la palabra, dijo: “A mí me preocupan las secuelas psíquicas que les pueden quedar a los púberes, porque si nosotros después de cada elección nos sentimos arrepentidos por lo que hicimos, ¿cómo va a soportar esa carga de culpa un adolescente? Encima que están más desorientados que turco con hijo ñato, que no saben para qué cuernos estudian, que ven el porvenir negro oscuro, ¿les vamos a sumar el complejo de elector? No me parece”. Después hubo un silencio mayúsculo. Al final, el Franklin dijo: “Yo creo que van a ir a votar con la novia, los pibes de ahora saben aprovechar muy bien los cuartos oscuros. El Roberto propuso brindar por las nuevas degeneraciones que habrán de sucedernos. Lo hicimos. Después nos fuimos a dormir Con todos los pibes, de los Wachiturros.