Brandon Lee rodaba El cuervo, en marzo de 1993, una cinta basada en un cómic de la que se esperaba que tuviera gran éxito y que colocara a su protagonista en la cima, pero nada salió como se pretendía.
Alex Proyas, el director del filme, citó a todo su equipo la noche del martes 30 de marzo. Tocaba trabajar en una escena aparentemente sencilla en la que el protagonista del filme (Brandon Lee) llegaba a casa y encontraba a un grupo de delincuentes abusando de su novia. En la ficción, suponía la muerte de un personaje que después regresaría de entre los muertos, pero derivó en una muerte real.
Después de varias pruebas, llegó el momento de rodar. Proyas había decidido que uno de los cuatro matones que abusaban de la novia llevase un Magnum del calibre 44 -cargado con balas de fogueo- con el que dispararía a Lee una vez entrase por la puerta. Fue un único tiro. Fatídico. Todo parecía controlado pero en ese momento se descontroló por completo.
Brandon Lee yacía en el suelo sin poder moverse. Al principio todos pensaron que se había saltado el guion, ya que estaba previsto que inicialmente cayese hacia delante pero se fue hacia atrás al recibir el impacto de la bala.
El actor fue trasladado al hospital, donde fue operado de urgencia durante más de seis horas hasta que fue declarado muerto poco después de la una de la madrugada. La bala le causó una grave hemorragia interna en el estómago que impedía que le coagulara la sangre.

