Buenos días, a pesar de todo. Un vago es una persona que le tiene alergia al trabajo; que, en vez de aportes jubilatorios, hace aportes descansatorios. Por eso le colocan apodos: “Delfín”, nada, nada, hace algunas tonteras y nada, nada. “Ampolla”, porque aparece después del trabajo. “Conejo negro”, ni los magos lo hacen trabajar; “Gato de circo”, el único animal que no trabaja. “Retrato de la abuela”, siempre en la cómoda. “Citroën 2CV”, porque no tiene pique pero tampoco se calienta, y “Murciélago”, no pone el hombro ni para dormir, entre otros motes. Como característica regional, es un mito que los habitantes de Santiago del Estero son vagos, cosa que desmienten los hechos: tengo amigos santiagueños del gremio de la construcción que son muy trabajadores, capaces de colocar un ladrillo en quince días y sin ayuda. Pero, igual, se los identifica con la inactividad. Se dice que en Santiago del Estero, el 1 de Mayo es día de duelo provincial. Se murió un santiagueño y en su tumba, en vez del tradicional “Que en paz descanses”, le pusieron: “Seguí con lo tuyo, hermano”. En el Polo Norte, el día dura seis meses, por lo que un santiagueño concluyó: “¡Ja! pavadita de siesta”. En las paredes de la ciudad de Santiago del Estero pueden verse graffitis que afirman la característica: “Procura vivir de tus padres hasta que puedan mantenerte tus hijos”. “El trabajo nunca mató a nadie pero, ¿para qué arriesgarse?”. “No dejes para mañana lo que puedes encargarle a otro hoy.” “Era un santiagueño muy honesto, una vez encontró un trabajo y lo devolvió”. “San Cayetano ha sido declarado santo enemigo en Santiago”, y en las orquestas, el contrabajo ha sido calificado instrumento hostil. Los chistes de lo santiagueños son muchos: “¿Qué estás haciendo, hermanito?”. –”Nada”. –”¿Querís que te ayude?”. Un porteño recorría Santiago del Estero cuando ve a un changuito que está sentado bajo un peral con una bolsa en las manos. –”¿Qué estás haciendo, pibe?”. –”Estoy cosechando peras, señor”. –”¿Y cómo es el sistema?”. –”Bueno, viene el viento, mueve el peral, las peras se caen yo abro las bolsa y las que caen dentro me las llevo”. –”¿Y si no hay viento, pibe?”. –”Mal año, señor”. Resulta que nos pueden calificar de la misma forma a todos los argentinos. Porque, de acuerdo con lo que ha decidido el Gobierno nacional, en diciembre vamos a trabajar nada más que 16 días. Tenemos feriados para tirar para arriba. Se ve que la presidenta dijo: “Ha sido un año muy duro para mis súbditos, han tenido que votar varias veces, han tenido que aguantarse a Moreno todo el año, han sufrido la inflación –que no es galopante, porque le afanaron el caballo–, entonces, les vamos a agregar unos días de descanso en diciembre, que es el mes en el que más pesa lo vivido. Puso alguna vez José Hernández en boca del Martín Fierro esta sextilla: “Debe trabajar el hombre/ para ganarse su pan/ pues la miseria en su afán/ de perseguir de mil modos/ llama en la puerta de todos/ y entra en la del haragán”. Yo le contestaría al inolvidable gaucho: “Controlan nuestro trabajo/ máquinas de controlar/ pero se puede burlar/ ese control que te aprieta/ ¡qué lindo es marcar tarjeta/ para irse a descansar!”.