Los productores argentinos, en general, más allá del rubro, suelen coincidir en las restricciones que encuentran cada vez que necesitan hacer una compra en el exterior, ya sea de un insumo, una maquinaria o cualquier elemento necesario para poner en marcha el circuito de elaboración.

Se sabe que el Gobierno nacional suele ser muy estricto con este tipo de operaciones. El argumento tiene que ver, por un lado, con evitar la salida de dólares y, por el otro, con ciertas medidas proteccionistas para favorecer la industria nacional. Eso, siempre y cuando exista una oferta argentina. De lo contrario, si no queda otra, es importar o importar. E, incluso así, pone trabas disfrazadas de burocracia.

Con ese panorama, de repente, aparecen autorizaciones que llaman la atención, porque afectan de manera directa a las economías regionales, cada vez más golpeadas y necesitadas de gestos gubernamentales para compensar un año que ha provocado daños en diferentes aspectos.

Por eso, sorprende que se haya dado el visto bueno para la importación de duraznos de China, que va más allá de la ambición empresarial de buscar un mejor precio en detrimento del contexto social en que se mueve. Porque la realidad es esa. Pero lo más importante tiene que ver con la apatía de las áreas del Ejecutivo nacional vinculadas con la actividad. O no saben de qué se trata o no les importa la situación de los productores mendocinos o el negocio les resulta más interesante; tanto, que se arriesgan a quedar expuestos. En cualquier caso, no puede pasar desapercibido y alguien deberá dar explicaciones.