La Corte falló como tenía que fallar porque, le guste o no al gobierno, la doctrina Kemelmajer está vigente. Así de simple, aunque el espíritu de la enmienda del artículo 198 de la Constitución sea, muy probablemente, uno de los tantos cambios que necesita Mendoza.

Si en una provincia no se permite la reelección del gobernador pero sí se habilita la eternización en el poder de los intendentes, algo no está bien. Pero así es desde 1916 y se sabe que cualquier intento de cambio en la Carta Magna es un pecado imperdonable en esta tierra que mantiene en el fondo sus rasgos conservadores. Para bien y para mal.

El fallo de la Sala II de la Corte también fue político. Más allá de los argumentos de cada uno, los dos jueces de extracción peronista (Mario Adaro y Omar Palermo) le dieron la razón a los intendentes del PJ que buscan una nueva reelección y el ministro que ingresó durante la gestión de Alfredo Cornejo, José Valerio, votó como quiere el Gobierno. Una vez más, la línea de la división de poderes se hizo muy difusa.

El gobierno equivocó los caminos y este fallo no debería sorprender a Cornejo y compañía. Desde que Aída Kemelmajer de Carlucci, una de las figuras más reconocidas de la Justica en la historia provincial, determinó que para modificar la vieja Constitución provincial hace falta la mitad más uno de los empadronados (no de los votantes), cualquier chanche de cambio quedó prácticamente sepultada. Ese fallo que ya cumplió dos décadas sigue siendo el único camino hasta que la misma Corte decida lo contrario. Hoy no fue el caso.

Pero tal vez lo sea en el futuro cercano. Porque la Sala II decidió sobre una medida cautelar pero la cuestión de fondo (si es inconstitucional o no el decreto de Cornejo que promulgó la enmienda del artículo 198) todavía deberá ser debatida por la Corte. En este caso, serán los siete miembros del Tribunal los que tomen una decisión histórica. Y otra vez comenzarán a jugar los intereses políticos de las máximas autoridades del Poder Judicial.

Poco les importa eso ahora a Martín Aveiro, Emir Félix, Roberto Righi y Jorge Giménez, los cuatro intendentes que festejan porque podrán ir por un nuevo mandato. No hay autocrítica porque en todos sus años de gestión fueron incapaces de generar una renovación necesaria o de dar paso a nuevas caras. Tampoco se buscan explicaciones a los cambios de opinión rotundos, como en el caso del jefe comunal de San Martín, que antes pedía limitar la reelección pero ahora prefiere mantener a toda costa su cuota de poder departamental.