La idea de un Consejo Económico, Ambiental y Social puede ser un punto de partida para cubrir la que, tal vez, sea la principal deuda que tiene la dirigencia de Mendoza: el armado y la concreción de políticas públicas en temas que son esenciales y que deberían atravesar a todas las gestiones de gobierno, más allá de los colores políticos. En todo caso, cada gobernador podrá darle su impronta, pero sin salirse de los lineamientos generales.
Ver en una misma foto a los ex mandatarios y a los representantes de todos los sectores sociales muestra la ambición que tuvo Rodolfo Suarez cuando presentó el proyecto. Sin embargo, lograr el propósito implica darle un protagonismo real a la institución que nace.
Que las decisiones que se tomen allí no sean vinculantes pone en riesgo su funcionamiento. Si las sugerencias que surjan quedan prisioneras de disputas políticas y partidarias, de nada servirá que más de 80 personas se reúnan a pensar una Mendoza mejor. Y, si se repasan las discusiones de temas centrales en la provincia en los últimos años, la madurez política no ha sido, precisamente, el denominador común. Más bien, se impuso la mezquindad y la especulación electoral.
Por lo tanto, el desafío es mayor, casi utópico, y tiene que ver con que la clase política en general respete y se cuadre frente al resultado de las discusiones que puedan darse en el marco del Consejo. Es la única manera de lograr productividad. De lo contrario, todos aquellos que fueron entusiasmados al Ángel Bustelo para ser parte de la presentación se irán desanimados.
