Calentar: lo más difícil de conseguir, es importante calentar tus músculos. Caminar y trotar de 5 a 10 minutos e incluir ejercicios dinámicos y ejercicios como rodillas al pecho, talones al glúteo y saltos para preparar mejor a tu cuerpo para correr rápido.
Concéntrate en la postura y en tu core: mantené el torso erguido, con los hombros relajados y lejos de las orejas, y centrate en sacar la fuerza de tu core (zona media).
Correr con un movimiento circular: pensá como un ciclista y mové los pies en un movimiento circular, levantando tus muslos hasta que estén paralelos a la cadera, y conducí las rodillas hacia arriba y abajo (en lugar de un movimiento ovular).
Trabajá los brazos: mantené los brazos en una posición flexionada (90 grados) y conducí los codos hacia atrás para crear un impulso. Se trata de un balanceo de los brazos más exagerado que cuando trotás, tus brazos se mueven a través de una gama más amplia de movimiento con tus manos que pueden subir hasta tu mentón y vuelven hacia atrás, hacia tu tope.
Acortá el paso: los pasos largos son derrochadores de energía. Céntrate en la velocidad de cadencia en lugar de distancia a medida que esprintas. Vas a correr más rápido y más eficientemente si te acostumbras a dar pasos cortos y rápidos.
Final de la zancada: al empujar desde la parte delantera del pie y los dedos del pie, llevá los talones hacia el trasero en cada zancada.
Respirá: relajate y sincronizá tu respiración al ritmo de tus pies. Podés reducir el desperdicio de energía a partir de la tensión muscular.
