Estar sentada delante de un escritorio todo el día no es precisamente un trabajo de alto riesgo, pero sí tiene sus inconvenientes. Datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalan que cada día mueren en el mundo cerca de 6,300 personas como resultado de lesiones o dolencias relacionadas con el ámbito laboral (más de 2,3 millones de muertes al año). Los casos más importantes de patología laboral corresponden a trastornos de huesos y músculos, padecimientos respiratorios, dermatitis y pérdida de audición. Sin embargo, y a pesar de que el número de riesgos laborales y dolencias asociadas a éstos ha aumentado, se estima que el 60% de las enfermedades profesionales no se declaran.

Tras el nombre de Síndrome de la Oficina enferma, se encuentran síntomas muy concretos como los dolores musculares, fatiga, dolores de cabeza, conjuntivitis, problemas dermatológicos y falta de concentración. ¡No es para tomarlo a la ligera! Y es que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, las partes más afectadas del cuerpo, en el ámbito laboral, son el tórax, la espalda y los costados, seguido de la región lumbar. 

El síndrome del oficinista

Según la OIT, el “síndrome de la oficina enferma” afecta a uno de cada cuatro trabajadores de este entorno. Pueden ser personas sanas que empiezan a padecer estos síntomas, o personas con enfermedades previamente diagnosticadas (alérgicos, por ejemplo) cuya salud empeora. Esto afecta a su productividad y es motivo de bajas laborales.

Los culpables de afectar la salud laboral suelen ser los revestimientos sintéticos, alfombras plagadas de ácaros, iluminación deficiente o incorrecta, proliferación de aparatología –escáner, impresora, computadoras, teléfonos inteligentes– y por supuesto, el sistema de ventilación.

Trabajar en oficinas con mucha gente, en espacios en los que, en algunas ocasiones, la ventilación es bastante deficiente, la luz es escasa o hay mucho ruido puede desembocar en problemas de salud como éste síndrome.

Si se tiene en cuenta que desde hace unos años los llamados edificios inteligentes se han puesto de moda, no es de extrañar que esta patología haya aumentado en poco tiempo afectando a muchos trabajadores de oficina.

Según el Instituto de Biomecánica de Valencia (España), los afectados por esta dolencia afirman que sus molestias se deben al mobiliario de oficina: sillas no regulables, ordenadores con pantallas con problemas de luz y contrastes de color, distancia inadecuada entre los ojos y la pantalla, etc. Además, los expertos recuerdan la importancia de hacer controles en los aparatos de aire acondicionado y sistemas de calefacción para evitar provocar problemas de salud.

¿Quieres ver algunos síntomas del síndrome de la oficina enferma?

Dolores musculares

Muchas horas en posturas forzadas, sin cambiar de postura o con malos hábitos posturales. Los dolores musculares son los principales síntomas de los trabajadores de oficina. Sentate bien, cambia de postura varias veces, levantate a caminar y estirar las piernas y, si podes, trata de hacer algunos de los ejercicios que te proponemos en el artículo ejercicios en la oficina.

Problemas dermatológicos

Otro de los síntomas del síndrome de la oficina enferma son los problemas dermatológicos. Se deben a pasar muchas horas en un espacio cerrado, con ventilación artificial y deficiente, nulo contacto con la luz solar, problemas en los sistemas de calefacción y aire acondicionado que pueden propagar partículas perjudiciales, etc.

Falta de concentración

Ruido, lugares de trabajo cargados, muchas conversaciones a la vez, molestias físicas y agotamiento visual… todo esto puede provocar una falta de concentración en el trabajo.

Problemas de circulación

Muchas horas sentadas frente a la computadora, piernas encogidas, falta de movilidad. Es evidente que trabajar muchas horas sentados propicia la aparición de problemas circulatorios. Lo recomendable es tratar  de cambiar de postura, de sentarte correctamente, formando con tu cuerpo un ángulo recto y levántate a caminar y estirar las piernas cada cierto tiempo.

Problemas en la vista

Conjuntivitis, visión borrosa, pérdida gradual de visión. Son muchos los problemas que pueden aparecer en los ojos al pasar muchas horas frente a la computadora, sobre todo, si éste no cumple con una pantalla de calidad. El color y la luminosidad deben estar correctamente ajustados y, además, la distancia de nuestros ojos a la pantalla debe ser de 50 ó 60 centímetros, nunca menor. Igual que nosotros nos movemos y cambiamos de postura a lo largo de la jornada laboral, es importante que podamos hacer lo mismo con la pantalla y regularla.

Incremento de trastornos psicosociales

Uno de los elementos que más preocupa a los profesionales de la salud es el incremento de los trastornos psicosociales vinculados a las nuevas situaciones de estrés y presión laborales por satisfacer las exigencias de la vida moderna. En una declaración reciente de la OIT, se afirmaba que “la crisis económica tiene efectos nefastos para muchos trabajadores”. De la misma manera, esta organización añadía que se debe aprovechar la oportunidad para generar un nuevo enfoque basado en la seguridad y la salud, que garantice un “trabajo decente”.

Por cierto, en la última lista de dolencias profesionales elaborada por la misma organización figuran, por primera vez, los trastornos mentales y del comportamiento.

Prevención

Para evitar el padecimiento de este mal, se recomienda el optar por hábitos saludables, como la implementación de pausas activas dentro de la oficina, que permitan mantener el bienestar el cuerpo. Cada 40 o 50 minutos, ponte de pie, estira el cuerpo o realiza algún tipo de actividad física.

De hecho, pasar todo el día sentados no es precisamente bueno para la salud. Una investigación llevada a cabo por el British Journal of Sports Medecine advierte que nos pasamos la mitad de la vida sentados, y que esto aumenta exponencialmente el riesgo de morir de casi cualquier enfermedad imaginable.

Sin dramatizar, es cierto que, tras 4 horas sin variar la posición en la silla de oficina, la contracción muscular resultante desemboca en la compresión continua de los vasos sanguíneos, dificultando así la eliminación de residuos celulares y provocando un nivel de fatiga que obliga a detener la tarea.