Comúnmente cuando utilizamos la frase “funcionar en automático” nos referimos a esa forma de actuar en la cual no reflexionamos mucho las situaciones o eventos y simplemente hacemos.
Dependiendo del contexto de la conversación puede ser una frase que nos ayuda a describir un comportamiento positivo o negativo. Nadie quiere pensar en cómo mantener el equilibrio y mover las piernas a la vez cuando anda en bicicleta, de hecho hay cosas que sólo las podemos hacer cuando funcionamos en automático.
Son aprendizajes que actúan en transparencia, una vez que es aprendido el cuerpo lo repite sin mediar consentimiento o análisis del cerebro. Sin embargo también utilizamos la frase para describir un comportamiento negativo, como cuando funcionamos en modo zombie. es extraño porque quien utiliza la frase de forma negativa, sabe que no está bien, se da cuenta que es un zombie, sin embargo por alguna razón tiene miedo a reconocerlo a sí mismo.
Sin duda que las razones para funcionar en modo zombie son muchas: miedos, dolores, formas de evasión, estrategias inconscientes de protección, de preservación. Pero ¿por qué decidimos seguir siendo zombies una vez que nos hemos dado cuenta que estamos funcionando en automático? por la recompensa que recibimos al dejar de serlo. Declararse abierto al cambio es políticamente correcto, está de moda y es bien visto. Sin embargo, vivir abierto al cambio es un riesgo. ¿Cuál es el riesgo que corremos si aceptamos dejar de funcionar en automático?: caernos de la bicicleta; es decir, bajarnos de la vida que llevamos. Y aquí yace la trampa y la salida, como muchas cosas de la vida, ambas en el mismo lugar.
Si sólo focalizamos nuestra atención en todo lo que perderemos al bajarnos de la bicicleta, sin duda veremos el hecho como una caída y nadie en su sano juicio desea experimentar un golpe que deje heridas o incluso atente contra tu vida. Pero si focalizamos nuestra atención en el sendero, a veces podremos bajarnos de la bicicleta por el deseo de parar e ir caminando a ver lo que hay más allá Si vas deprisa no quieres parar, si vas con un destino específico no quieres parar, y está bien, sólo debes preguntarte si vale la pena no parar.
Pensar siempre es más fácil que hablar y hablar siempre es más fácil que hacerlo, por lo cual la respuesta a la pregunta si sirve funcionar en automático, más que un “depende” es un “para qué”. ¿Para qué cambiar nuestra forma de funcionar?, a veces da la sensación o realmente pareciera que cada vez que deseamos hacer un cambio de comportamiento sólo lo sostenemos por un tiempo y luego volvemos inevitablemente a la forma anterior, y así oscilamos de un extremo al otro como el movimiento de un péndulo. Este comportamiento oscilatorio, aunque esclavizante, pareciese ser normal, lo podemos fundamentar desde la psicología, la neurología e incluso desde el esoterismo si citamos a la famosa ley del péndulo del Kybalión. Pero al fundamentar un comportamiento que nos hace mal o nos incomoda no lo hace realmente más llevable, simplemente crea un discurso que funciona como aspirina.
El universo nos regala momentos de claridad, en dónde podemos darnos cuenta de lo que hay alrededor del camino, incluso a veces efectivamente nos baja de un golpe, pero pararse y decidir caminar para ver que hay más allá es un acto de voluntad que se construye, es un proceso que lleva más de un día y tal vez en vez de preguntarse ¿sirve funcionar en automático? una buena forma de transitarlo sea preguntarse ¿para qué quiero dejar de funcionar en automático? tener más clara la recompenza que busco no garantiza que la obtendré, pero si permite vivir con mayor plenitud la vida que llevamos.
