Buenos días, a pesar de todo Esto es definitivo: todos tenemos sexo. Para los creyentes, es un invento de Dios, para los no creyentes, de la naturaleza. Cualquiera sea su inventor, el tipo se pasó de inteligente, porque puso el órgano del placer en el mismo lugar que el órgano de la reproducción y así se aseguró la continuidad de la especie. El sexo siempre fue tabú. Por eso decimos “tabuena la guacha, “tabueno el vaguito. Es increíble la cantidad de palabras que hemos inventado en torno al sexo, o sea, para no llamar a las cosas por su nombre, porque nos dan vergüenza.
¿Cómo puede darnos pudor algo que deseamos tanto? Es como si nos diera vergüenza la milanesa a caballo. La influencia de la letra pe, como inicial de esas palabras, es abrumadora. Les doy diez segundos, piensen, piensen nada más en la cantidad de las llamadas “malas palabras” que empiezan con pe. ¿Vieron la cantidad? Yo creo que, de no haber existido la letra pe, no existiría el sexo.
Antiguamente, éramos unos reprimidos absolutos en materia sexual, hablábamos de él tangencialmente, inclusive, con interjecciones: “¿Te enteraste de que la nena de la Marita está hum hum? ¿Hum hum de cuántos meses? De cinco, pero parece que no es la primera vez que humhumea. Con en el novio en el zaguán humhumeaban tan fuerte que movían toda la casa. Varias veces salió a la calle en calzoncillos gritando: “¡Temblor, temblor!”.
También se decía, hicieron la porquería, ¿Por qué porquería? Se mandaron la cochinada. ¿Por qué cochinada? Tal vez, por influencia directa de la religión, se consideraba que el sexo era algo malo. Todos lo hacían, pero era algo malo, nocivo, pecaminoso. ¿Por qué malo, nocivo, pecaminoso? ¿Por qué? ¿Acaso cuando lo hacemos, no disfrutamos, no nos sentimos felices, no nos reconocemos plenos? Es hora de que vayamos cambiando, chicas y muchachos, porque, la realidad nos va a pasar por encima.
Ahora, los pibes son expertos en el tema. Días atrás me encontré con un amigo y se lo veía preocupado. Le pregunté y me dijo: “No, sabés lo que pasa, que esta noche con mi mujer tenemos una charla sobre el sexo con mi pibe”. Le aconsejé: “Bueno, no te pongás nervioso, tratá de encontrar las palabras adecuadas, de buscar ejemplos”. Me paró en seco y me explicó: “No, no, si el que expone es él”.
Pero, los pibes han aprendido de oído, por lo que escucharon de otros, que también aprendieron de oído, que no saben leer la partitura. Es hora de que toda la comunidad se ocupe del tema sin vergüenzas, sin prejuicios, sin eufemismos. Por el sexo se puede llegar a un estado válido de felicidad, pero, por los errores cometidos con el sexo, o a través de él, se puede llegar al aborto, a la violación, a la violencia familiar, a la frustración, a la depresión y, no pocas veces, al suicidio.
Es hora de que nuestra sociedad, si se considera inteligente, empiece a hablar en serio sobre algo tan serio y a llamar a las cosas por su nombre. Pero no unos pocos, toda la comunidad les puede ayudar a los pibes, aunque también, mucho también, nos puede ayudar a los adultos. La educación sexual existe en las comunidades más sólidas del mundo, porque no se trata de enseñar libertinaje ni de transformar el aula en una sala porno, se trata de saber, de alcanzar una felicidad plena y de evitar las malas noticias que aparecen en los medios todos los días. Es un tema de la educación, es un tema de la vida noble y es un tema, un alto tema de seguridad.
