Es viernes por la tarde y el clima de transición se apodera de la Casa de Gobierno. Entre algunos secretarios, mozos y personal de seguridad y limpieza, circulan funcionarios de la futura gestión de Rodolfo Suarez que preparan su desembarco.

Pero es Alfredo Cornejo el que todavía sigue en el cuarto piso y allí recibe a El Sol, en medio de sus últimas actividades oficiales como gobernador. En una charla de 45 minutos, dirá que siente algo de nostalgia, se emocionará al recordar los momentos difíciles que atravesó en los últimos cuatro años, hará un balance de su gestión y, fundamentalmente, hablará sobre su futuro como uno de los líderes de la oposición y del país que se imagina con la vuelta del peronismo a la Casa Rosada.

– ¿Cuál es el Cornejo que viene de ahora en más?

– No puedo saberlo, me cuesta verlo desde la perspectiva individual. En mi calidad de cientista social y político práctico, lo veo como un proceso que sobrepasa a los individuos y me cuesta responder eso. Mi voluntad es que en la Argentina haya alternancia y para ello hay que construir una fuerza que los ciudadanos vean como alternativa, que tiene voluntad de oposición y de acceder al gobierno.

– ¿Cómo se imagina a Cambiemos en el postmacrismo?

– Hay vocación genuina de mantenerse unidos. No debería haber dudas, pero no quiere decir que haya más fugas. No desde el radicalismo, al que lo veo más firme. La sospecha que generó alguna gente del círculo íntimo del presidente, que el radicalismo iba a romper, que (Martín) Lousteau iba a romper, y al final los primeros tres que se fueron eran del PRO. Y se fueron a un bloque construido por el presidente de la cámara (Sergio Massa), es tan obvio eso que en la primera votación que la oposición no de quórum lo van a dar ellos.

No va a haber un liderazgo único, pero no sólo de (Mauricio) Macri, ni de mí, ni de (Horacio) Rodríguez Larreta ni (Emilio) Monzó. Tiene que haber una mesa institucional que reemplace a la que existe hoy, que es de poder. Los gobernadores tienen que estar, los jefes de bloque, los presidentes de los partidos. Hay que tratar de lograr acuerdos sobre determinados temas que van a ser inminentes. Van a haber desafíos sobre qué votar en el Congreso y hay que consensuarlos. 

– Después de las PASO, eran los primeros nombres que se mencionaban para liderar la oposición eran Cornejo, Rodríguez Larreta y Lousteau. ¿El 41% cambió eso y puso de nuevo en carrera a Macri?

– Ni antes ni después del 41% hay que descartar a nadie, y menos a Macri. Pero no puede ser que se tomen las decisiones en la oposición como se tomaban en el Gobierno. Ese 41% no es patrimonio de los candidatos de la fórmula, sino de toda la coalición. Y hay que saber leer ese resultado. De la misma manera manera que mucha gente votó a (Alberto) Fernández y a Cristina por rechazo a Macri, de este lado muchos votaron a Macri por rechazo a Cristina o a Alberto. No hay que tomar ni siquiera las marchas, que fueron interesantes y masivas, incluido acá en Mendoza.

La grieta ha ayudado a los dos extremos, pero ese grupo de fanáticos no le puede marcar la línea a la Argentina. Hay un gran abanico para ideas más moderadas y para buscar altos niveles de consenso en la política exterior, en el tratamiento de la deuda, en políticas sociales sustantivas. Quien tiene la mayor responsabilidad de ese acuerdo es hoy Alberto Fernández. En el ajedrez mueven primero las blancas, hay que ver primero qué quiere hacer Fernández y eso no está muy claro.

– ¿Cree que Fernández está coqueteando con este equilibrio de poder interno?

– Exactamente. Cómo se reparten los cargos es un dato importante de la realidad, pero será más importante qué políticas concretas se llevarán a cabo. Casi los mismos personajes han privatizado y han estatizado YPF. Darle tanta credibilidad a la palabra de los dirigentes peronistas puede ser negativo para un buen análisis. Hay que ver qué hacen.

– ¿Cuánto hay de aquel Alberto Fernández que lo ayudó a armar la Concertación con éste que llegó a la Presidencia?

– No sé si lo conozco bastante, tan profundamente como para tenerlo claro. La última charla que tuve con él fue en este lugar hace más de dos años y no estaba con Cristina. Estaba con una posición muy crítica de Cristina y de Macri, en un nivel de moderación, de que esta grieta no le servía a nadie. Tuve una charla de buen nivel, distendida, pero después pasaron muchas cosas. Me parece que lo sorprendió su candidatura que le propuso Cristina.

En estos quince días, desde que Cristina volvió de Cuba, le impuso lugares claves e incluso ha insinuado políticas con respecto a la Justicia muy duras. El discurso de Cristina en Tribunales representa a la Cristina que más rechazo provoca en los argentinos. Se la vio desencajada y recargada. Yo veo la moneda en el aire acá, no puedo hacer una conjetura muy concreta sobre Alberto. Después, él mueve primero, veamos qué hace.

Para mí es muy importante lo que haga con la economía en esta primera etapa. Y lo que haga con la deuda, que es una señal muy fuerte, porque es un tema clave y hay vencimientos que arrancan fuerte. Y si se les ocurre ganar tiempo y entrar en cesación de pagos, el país puede entrar en una espiral muy mala con repercusiones mediatas muy negativas. Sería una catástrofe para la Argentina entrar en cesación de pagos por novena vez en la historia. 

Si paralelamente buscan ganar tiempo, es probable que traten de inducir consumo y que en enero impriman billetes. Hay un margen porque Macri les ha hecho parte del trabajo sucio en los últimos tiempos. Entonces a lo mejor no dispara una hiperinflación, pero al cabo de seis meses va a entrar en cesación de pagos, la gente no va a querer pesos y va a ser más abrupto que todas estas devaluaciones relativamente controladas como las que hemos tenido. Y eso podría ocurrir. No lo conjeturo.

Acá la oposición tiene algo que decir. Si no entra en cesación de pagos y trata de buscar equilibrio fiscal y de ir saliendo de esta situación de a poco, creo que hay que acompañarlo. Pero también hay límites: si hay restricciones a la libertad, a la de prensa, a las libertades individuales, atropellos al poder judicial, tenemos que estar en contra de esto.

– ¿Llama la atención los postulados de Alberto Fernández, como el uso de la figura de “presos políticos” o sus peleas con periodistas?

– Durante el gobierno de Macri la Justicia funcionó, y en algunas causas, durante el último año del gobierno de Cristina también. No se puede decir que en Argentina hay presos políticos. Hay políticos que están presos o que han sido sancionados o condenados. Es una cosa muy diferente. Decir eso sobre políticos que están acusado de graves hechos de corrupción es querer victimizarlos. En Argentina hay una tendencia de victimizarse y decir que una persecución, cuando ha sido condenada o está en proceso judicial con pruebas.

– ¿Pero están preocupados sobre cómo actuará el nuevo presidente ante la presión de los sectores más radicales del kirchnerismo?

– Yo la tengo la preocupación, pero no quiero conjeturar. Pero no es una pregunta para mí; es una pregunta para ellos. Quisiera esperar para terminar de formar una opinión, tanto en lo que haga con la economía como con las libertades públicas. Será muy interesante ver los hechos los tres, cuatro o cinco primeros meses.

– ¿Hay un margen de independencia de Alberto con respecto a Cristina?

– Por lo que se viene viendo parece que no. Pero si me preguntan, en ese lugar, por el diseño constitucional que tiene la figura del presidente, él tiene muchas facultades y podría ejercerlas. Por lo tanto yo creo que tiene margen para tener una política autónoma de moderación en materia económica y antigrieta; de centro, diría yo, en estos dos extremos fanáticos que tironean en la opinión pública argentina.

– ¿Cómo va a ser el juego de Cornejo en Diputados, en una Cámara que va a obligar a la rosca?

– A ver… Intuyo que con la manga de acomodaticios que hay en la dirigencia política argentina, el Gobierno va a tener mayoría propia en cuestión de tiempo. No veo que el Ejecutivo tenga la necesidad de andar rosqueando. Es peligroso que eso pase, porque puede venir un avasallamiento. Si uno ve lo que está pasando en el Senado, están a nada de tener los dos tercios. Yo voy a tratar de cumplir mi rol y, tal como prometí, defender los temas vinculados con Mendoza. Desde lo partidario, el radicalismo buscará mantener unido a Cambiemos.

– En Mendoza usted no tuvo un interlocutor político claro con la oposición. ¿Le puede pasar lo mismo a Alberto Fernández en la Nación?

– Es muy interesante ese punto. Creo que para que nosotros seamos una alternativa, tenemos que tener una mesa que busque consenso en los principales temas. Por ejemplo: ¿qué pasa si no buscamos una salida al tema de la deuda juntos, oficialismo y oposición? Son tan pesados los próximos vencimientos de intereses, que debemos buscar una política consensuada. Ahí sería interesante tener una mesa, y que si nos piden una participación, tengamos una postura consensuada desde el interior del Cambiemos. Creo que lo podemos lograr sin que exista un líder único.

En Mendoza, los dirigentes justicialistas se niegan a entrar en el debate intelectual de los problemas. No hay un referente único.

Volviendo al país, no hay chance de que Fernández quiera pactar con una sola persona de la oposición y en secreto. No están dadas las cosas para eso. No hay vocación en Cambiemos, más allá de estos legisladores que se fueron, de sacar los pies del plato. Y para eso sirvió mucho el 41%. Fue como un mandato de ‘manténgase unidos’.

– ¿Suárez va a tener mejor relación con el PJ si se tiene en cuenta que para el peronismo mendocino el problema es Cornejo?

– Yo le deseo lo mejor con el PJ. Ojalá que tenga mejor relación, sería bueno. Él se ha mostrado muy abierto, vamos a ver cómo le responden porque hasta acá son declaraciones. Quiero ver el papel del PJ en el tema endeudamiento, en la 7.722.

Rodolfo ha sido muy leal con los ciudadanos al decirles que quería modificar la 7.722, se animó a cosas que otros candidatos a gobernador no se animaron a decir, aunque algunos de ellos lo piensen en privado. O alguna candidata a gobernadora, objetivamente lo ha dicho en privado ante empresarios. Vamos a ver si realmente hay acompañamiento para eso.

Y sino se buscan excusas en todos estos temas. En el endeudamiento era ‘queremos ver las cuentas’. La verdad es que si tienen un buen equipo técnico, en dos minutos podrían auscultar cómo están las cuentas. Hay un registro de la deuda, se sabe cuál es y cómo se tiene que pagar. Es una información que está pública, como ocurre en la Nación. Yo no me imagino que en la Nación alguien diga ‘queremos ver la deuda’. En el teléfono se puede ver cómo está la deuda y se puede conocer cuándo son los vencimientos, qué peso tiene sobre el producto.

Ojalá el justicialismo cambie. Yo veo que hay un problema interno: para afuera se muestran que están bien pero es ‘pour la gallerie’, es cosmético. Están bien, pero se desconfían, entonces cuando tienen que acordar con el oficialismo, el primero que da el puntapié inicial el otro le pone una traba. Y si lo da el otro el puntapié inicial para acordar, el otro le pone una traba. Y así sucesivamente se autobloquean. Conmigo pasó, esperemos que no pase con Rodolfo.