Buenos días, a pesar de todo. Mi amigo Darío Daldi tiene semaforismo, una enfermedad nerviosa provocada por los semáforos. Dice que un semáforo es un aparato desordenador del tránsito que existe en las esquinas de nuestra ciudad a los efectos que los conductores puteen de una manera unánime. El primer semáforo de la historia fue instalado en una localidad de Galicia en 1832 muchos años antes de que se inventara el auto, como los parroquianos no sabían para qué podía utilizarse, lo usaron como faro costero, con el inconveniente de que el pueblo no tenía costa, y mucho menos mar. Los semáforos para tortugas no han dado mucho resultado. Si usted ve un semáforo con forma de reloj de arena, es que puede demorarse mucho. Era un pueblo tan pobre que los semáforos eran en blanco y negro. En China, cuando un semáforo se pone amarillo, es que pueden cruzar los peatones. Los semáforos existen para que los autos puedan chocar mucho más ordenadamente. El problema no es que haya muchos semáforos, el problema ocurre cuando los prenden. En el país de los daltónicos, los semáforos tienen luces azules, marrones y negras. A una amiga mía le dicen semáforo, después de las doce de la noche nadie la respeta. El semáforo es fundamentalmente un servicio para automovilistas, los peatones pueden chocar libremente. Hay cientos de estos aparatos en Mendoza y unos pocos, muy pocos, que atiendan el paso de los peatones, por lo que podemos deducir que el peatón sólo tiene derecho a transitar con seguridad si anda en auto. En Mendoza han puesto muchos semáforos nuevos, el problema es que no están sincronizados, entonces, es posible que uno tenga que frenar en cada esquina y esto no es bueno, porque el tránsito se demora, porque las pastillas de freno se deterioran, porque el disco de embrague llega a pedir auxilio en arameo, y porque aumenta la contaminación atmosférica y sonora y es una pérdida económica. ¿Es que no saben los encargados de los semáforos que un auto en primera o en segunda gasta mucho más que con las marchas veloces? Si usted quiere conocer una opinión dura al respecto, pregúntele a cualquier tachero qué opina sobre la sincronización de los semáforos, dirán algo así: no es sincronización es sin croqueta, porque no puede ser que entre la San Martín y los Portones del Parque yo demore más que un viaje a Chile con espera en la aduana incluida. Es como dice mi amigo Darío Daldi, para conducir con tranquilidad en Mendoza, no hacen falta semáforos, hace falta Lexotanil. El problema es que el Lexotanil viene en un solo color.