Buenos días, a pesar de todo. Como hemos dicho en monólogos anteriores, este país ha sido manejado la mayor parte de su tiempo por millonarios. Nunca un pobre, che, o un tipo que haya sido pobre, como Lula, por ejemplo, como Evo. Cristina no es la excepción, al contrario, es una de nuestras más notorias millonarias. Me pregunto: ¿Cómo puede conocer las vivencias de un indigente quien nunca soportó la indigencia? ¿Cómo puede atender a los pobres quien nunca pasó una noche con las tripas clamando por abandono de comida, quien nunca sintió frío en una noche de invierno por carencia de frazadas? Se habla mucho del enriquecimiento ilícito. Es una cuestión de todos los días. Ahora, en este mismo instante que compartimos, algún funcionario está concediendo una licitación o aceptando alguna factura que le habrá de dejar beneficios mal habidos a ese funcionario. Hablamos del enriquecimiento ilícito y no del empobrecimiento ilícito. ¿La miseria es merecida? No, la miseria es un castigo por algo que el pobre jamás cometió. La riqueza es una impudicia de lesa humanidad. Nuestra presidenta tiene casas, departamentos, autos, hoteles, terrenos, como para que vivan bien hasta sus bisnietos. ¡Qué distinto del presidente uruguayo, José Mujica, quien declaró como bienes suyos un escarabajo de 1987 valuado en 1.900 dólares y su chacra familiar donde cultivaba y vendía flores para subsistir antes de ser presidente. No tiene tarjetas de crédito ni cuentas bancarias y muchas veces, durante su vida política, tuvo que soportar privaciones y sufrimientos. Por suerte, para Cristina, a ella le fue mejor: pudo armarse de sus buenos bienes y disfrutar de ellos con holgura. Y, lo que es mejor, su patrimonio aumenta cada año que pasa, por lo que, para ella, está haciendo un buen gobierno. Cristina alquila alguno de sus departamentos. No me la imagino a la presidenta en el rol de propietaria inmobiliaria, llamando por teléfono a su inquilino para decirle: “Oiga, Rodríguez, a ver si paga el alquiler de julio, por favor, que tengo que pagarle a mi hijo la nafta para que vaya a las reuniones de La Cámpora. ¡Ah, Rodríguez!, pague también las expensas, que los del consorcio ya me han mandado una carta documento firmada por Magneto. Por favor, Rodríguez, y no me discuta porque lo escracho en 6,7,8. Bueno, lo dejo, Rodríguez, porque tengo que usar la cadena nacional para inaugurar una fábrica de tortugas en Pehuajó”. Pero, si bien la abundancia de recursos en el poder molesta un poco, más molesta que los poderosos no puedan parar la inseguridad. Entraron a robar a un departamento propiedad de Cristina Fernández de Kirchner. Loco, si la presidenta no puede proteger sus bienes de los cacos, ¿qué nos queda a nosotros, ah? Como diría mi buen amigo Aquiles Comento: “Tanto han robado los políticos que bien puede darse vuelta la tortilla alguna vez”. Me hace acordar a un chiste: un ladrón le apunta a un señor y le dice: “Deme todo su dinero”. La víctima le contesta: “Usted no sabe con quién se está metiendo, yo soy un influyente político”. Ante lo cual el ladrón repone: “¿Ah, sí?, entonces devuélvame todo mi dinero”.
Robo presidencial
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