A alguien que le guste la pizza y viva entre dos pizzerías no tiene más que salir a la ventana y gritar ¡dos grandes de cuatro quesos! Si usted vive en la India y pertenece a la religión budista, no creo que deba caminar mucho para encontrar un templo dedicado a su fe. 

Para movilizarse cómodamente lo más conveniente es vivir al frente de la estación de troles. Si le gusta tomar algún cafecito en los bares céntricos, ir a vivir a la peatonal lo va a favorecer en sus aspiraciones. Ahora hablemos de seguridad, para estar seguros hay lugares que son estratégicos. Por ejemplo, si usted es un soldado argentino y vive adentro de un cuartel, es difícil que un chorro se meta a afanar allí, salvo que los chorros sean soldados. Pero es bastante seguro. Un lugar seguro para cualquier habitante de la ciudad sería vivir al frente o al lado de una comisaría. 

¿Usted piensa esto? Bueno, escuche, afanaron una empresa que está justo al frente de la Policía Federal de nuestra provincia, ahí en la calle Perú entre Rivadavia y Sarmiento. Loco, los chorros ya no respetan nada, ni siquiera los uniformes de los policías ni al policía que está de guardia. Y eso que el negocio, una empresa de catering, tenía rejas y alarma, no tenía choco, porque seguramente le hubiera morfado el catering. 

Claro, los dueños de la empresa, cuando se instalaron, pensaron con rejas, alarmas y nada menos que la Policía Federal al frente, nosotros estamos salvados. ¡Salvados, las petunias! Los robaron como si estuvieran desprotegidos de toda desprotección. Ya no hay lugar seguro, doña Felisa, lo único que falta es que entren a robar a alguna institución policial. Bueno, ya lo han hecho, ya lo han hecho. El dicho dice ¡sálvese quien pueda! Pues parece que en este país, en esta provincia, y en este momento, no puede absolutamente ninguno.