Un estudio basado en el análisis de ADN antiguo permitió reconstruir parte de la historia genética de la Mendoza colonial y demostrar la persistencia de ascendencias indígenas anteriores a la llegada de los europeos.

La investigación examinó los restos de 28 personas enterradas en tres cementerios históricos de la provincia y encontró evidencias de ascendencia indígena americana, europea y africana, además de diferentes combinaciones entre estos grupos.

El trabajo abarcó un período comprendido entre los siglos XVII y XIX y combinó información genética con décadas de investigaciones arqueológicas e históricas desarrolladas en Mendoza. Los estudios estuvieron vinculados con las excavaciones dirigidas por el arqueólogo argentino Horacio Chiavazza, quien investigó los espacios funerarios de distintas iglesias de la antigua ciudad colonial.

La arqueología ya había permitido establecer que los lugares de entierro no eran una elección aleatoria. La ubicación de las tumbas, tanto dentro como fuera de las iglesias, estaba relacionada con la posición económica y social de las personas, así como con sus posibilidades de acceder a determinados espacios funerarios. Sin embargo, esas investigaciones no podían determinar por sí solas los orígenes biológicos de quienes habían sido enterrados.

El análisis genético permitió incorporar esa dimensión. Los investigadores identificaron personas con ascendencia del sur de Europa, especialmente de la península ibérica; de África centro-occidental, con afinidades particulares con poblaciones de la actual Angola; y de pueblos indígenas americanos. También encontraron individuos con ascendencias combinadas, lo que permitió estudiar cómo se produjo el mestizaje en la sociedad colonial.

Uno de los resultados más relevantes estuvo relacionado con la persistencia de la ascendencia indígena en Mendoza después de la colonización europea. Los datos genéticos mostraron afinidades con poblaciones anteriores al contacto europeo de Uspallata y de otras zonas de Cuyo. El hallazgo aporta evidencia sobre la continuidad de poblaciones originarias de la región, frente a interpretaciones históricas que plantearon su desaparición o reemplazo a partir de la conquista.

Qué reveló el ADN sobre los pueblos indígenas y africanos

La investigación también permitió identificar patrones de mestizaje diferenciados según el sexo. Al combinar el análisis del ADN nuclear y mitocondrial, los científicos encontraron una persistencia de linajes maternos indígenas entre personas con ascendencia mixta. Esto aporta información sobre cómo se relacionaron y combinaron las distintas poblaciones a lo largo de las generaciones.

En el caso de la población africana, los resultados permitieron establecer vínculos genéticos con África centro-occidental, especialmente con regiones relacionadas con la actual Angola. Esta información conecta a Mendoza con las rutas de la trata transatlántica y el traslado de personas esclavizadas dentro del continente americano.

El componente indígena también resulta significativo por el contexto histórico de Cuyo. Durante la colonización se produjeron profundas transformaciones demográficas, con episodios de mortalidad, desplazamientos forzados hacia Chile, huidas y traslado de trabajadores indígenas desde otras regiones. Estos procesos alimentaron interpretaciones sobre una supuesta desaparición de las poblaciones originarias locales.

Sin embargo, los resultados genéticos muestran que parte de esa ascendencia permaneció en la región durante el período colonial. Las afinidades encontradas con antiguos habitantes de Uspallata y otros sectores de Cuyo constituyen una evidencia de esa continuidad. Los investigadores también identificaron conexiones con poblaciones del centro de Argentina, la región pampeana y el norte de la Patagonia, aunque señalaron que será necesario ampliar los estudios para comprender mejor esos vínculos.

La desigualdad social en la Mendoza colonial

Otro de los aportes del trabajo fue establecer una relación entre la composición genética y la organización social de la Mendoza colonial. Al cruzar los resultados del ADN con la información arqueológica de los cementerios, los investigadores encontraron que la ascendencia y la posición socioeconómica estaban relacionadas con la estructura social de la época, aunque no determinaban de manera absoluta el lugar que ocupaba cada individuo.

En ese sentido, personas con ascendencias similares podían encontrarse en diferentes posiciones sociales, mientras que individuos con ascendencia mixta aparecían en distintos contextos funerarios. Esto permitió construir una imagen más compleja de la sociedad colonial, en la que las diferencias de origen, riqueza y posición social interactuaban de distintas maneras.

La investigación también tiene implicancias para la historia argentina. Durante décadas, los relatos nacionales privilegiaron la inmigración europea y la construcción de una sociedad predominantemente europea, mientras que la participación indígena y africana quedó relegada o invisibilizada. Los resultados aportan evidencias independientes sobre la contribución de esas poblaciones a la formación de la sociedad colonial y, posteriormente, a la Argentina contemporánea.

Los investigadores, de todos modos, aclararon que la genética no permite definir las identidades actuales ni reemplazar la historia de las comunidades o su derecho a la autoidentificación. Su aporte consiste en sumar evidencia científica para reconstruir procesos históricos que durante mucho tiempo tuvieron una presencia limitada en los relatos tradicionales.

Una investigación con participación argentina y europea

El trabajo también se destaca por la metodología utilizada. La investigación fue desarrollada a partir de la colaboración entre equipos argentinos y europeos, con participación de especialistas en arqueología, historia, antropología y paleogenómica.

En lugar de utilizar la genética como una herramienta para reemplazar las interpretaciones arqueológicas, el proyecto partió de investigaciones que ya se desarrollaban en Mendoza. Los trabajos de campo y el conocimiento histórico local proporcionaron las preguntas y el contexto necesarios para interpretar los resultados genéticos.

Los investigadores plantearon que este modelo de cooperación permitió integrar la infraestructura tecnológica disponible en Europa con un programa científico desarrollado en Argentina. La participación de los equipos de ambas regiones se extendió a la formulación de las preguntas, el análisis de los resultados y la elaboración del trabajo académico.

Finalmente, el estudio también pone de relieve la importancia de sostener las redes internacionales de investigación en un contexto de dificultades presupuestarias para la ciencia. Los autores señalaron que los recortes al sistema científico argentino durante el gobierno de Javier Milei y las restricciones globales al financiamiento de la ciencia y la tecnología representan un desafío para la continuidad de estos proyectos.