En la actualidad, el mendocino Robertito Funes Ugarte se destaca por su labor en el ciclo Juntos podemos, conducido por Santiago del Moro. Con su estilo único y particular, el periodista recorre la ciudad en medio de la cuarentena por coronavirus. Busca historias y le pone su toque especial a la situación. 

Su histrionismo y modo de afrontar la vida es heredado de la personalidad de su padre. Al menos eso le contaron, ya que él no tuvo la posibilidad de compartir mucho con su progenitor quien lo abandonó en la calle cuando Funes Ugarte tenía sólo 8 años.

“Nos dejó en la calle a mi mamá Patricia y a mis dos hermanos, Valentín y Gastón”, explicó el periodista en una entrevista a Clarín.

Los cuatro salieron adelante gracias a la ayuda de sus abuelos maternos y el esfuerzo de su mamá. “Era una época en la que no era común separarse y menos en una sociedad como la de Mendoza, tan tradicional. Mi madre se puso a estudiar, se recibió y salió a trabajar. Pasó 35 años en la salud pública con niños con enfermedades terminales”, cuenta Robertito con orgullo.

Respecto a cómo fue su infancia, Funes Ugarte aseguró que proviene de una familia tradicional. “Tuve una linda infancia, aunque muy austera desde que mi padre nos dejó. Mi mayor tristeza era verla a mi mamá tan joven y tan linda luchando sola contra todo… Nunca volvió a casarse ni estar en pareja”, comentó Roberto.

El reencuentro con su padre llegó siendo ya adulto: “Yo estaba viviendo en México, tenía 24 años más o menos. Me llamaron para contarme que había sufrido un derrame cerebral y que estaba muy mal. Lo pensé un par de días hasta que me saqué un pasaje y viajé para verlo, no sé por qué… Estaba internado en un hospital público de Córdoba, en estado vegetativo por un derrame cerebral. Todos me decían que él tenía una vida de dandy con nosotros y verlo ahí, en la pobreza total, fue muy fuerte”.

“Entré a la habitación y me encontré con una persona totalmente desconocida para mí. Me senté al lado de su cama, él estaba con los ojos cerrados. Me acuerdo de que tenía las manos sucias con rastros de cinta adhesiva, y entonces yo me puse a limpiárselas. Se las iba limpiando y le hablaba. Le dije que ya está, que lo había perdonado, que no tenía nada para reprocharle, que se fuera tranquilo y que yo era muy feliz”, recordó.

Minutos más tarde, su padre murió. “Las enfermeras me dijeron su padre se ha ido. Yo les decía ¿cómo se ha ido, si está aquí?. Claro, estaba en shock. Ahí me enteré que él se había vuelto a casar y en el pasillo estaban mis medios hermanos, que para mí era gente extraña. Todos dicen que me esperó a mí para morirse”, aseguró.