Y se armó el despelote otra vez por el tema de la promoción industrial, a la que yo llamo pudrición industrial. El decreto 699 de la señora Cristina extiende la pudrición por quince años y beneficia con extensión impositiva para la atracción de inversiones a las provincias de San Juan, San Luis, La Rioja y Catamarca. Mendoza no, che, no figura ni en la lista de suplentes. Es que Mendoza zafa ¿viste? Es una provincia que tiene recursos y no le hacen falta estos regalos de la Nación.

    No, pará, pará Cristina, no es así, Mendoza también necesita inversiones, y vos sabés lo que pasa en estos casos, muchas empresas radicadas en Mendoza se van a ir a esas otras provincias a cosechar los beneficios. Nos hace un agujero grande, Cristinita. A llorar al Calvario, el decreto 699 sigue andando. Me acuerdo de cuando el Cleto paró un juicio contra la Nación por el tema de la pudrición, juicio que estaba prácticamente ganado, con la promesa de Néstor Kirchner de que, a cambio, construiría el dique Portezuelo del Viento. Pues, Portezuelo del Viento se hizo viento en el portezuelo y ahora están los planos, nada más.

    Recuerdo que Racconto les pidió a los legisladores nacionales de Mendoza que se preocuparan por el tema de la pudrición industrial. No le hicieron caso. Recuerdo que, más de una vez, Kelso Kake hizo galas de sus magníficas relaciones con la presidenta y ahora va a tener que enfrentarla, no le queda otra. Otra vez los mendocinos quedamos postergados. Para colmo, el gobernador de San Juan, con esa manera tan intelectual que tiene de expresarse, dijo que ya lo tenían cansado las protestas de Mendoza. Que si cantamos en Ischigualasto, que si hacemos la cumbre del Mercosur, que la Fiesta del Sol, que la minería.

   Me tienen cansado. Mendoza tiene más posibilidades geológicas que San Juan en la minería, pero no tienen las bolas bien puestas para hacerlo. O sea que, para Gioja, la cosa no es una cuestión legal, de derecho, de justicia, es de aquel que tiene más bolas. Lamentable. La cuestión es que ahora Mendoza va a tener que juntar a los suyos, a los oficialistas y a los de la oposición, para determinar una política efectiva frente a lo que es un nuevo atropello. Lo decidió Cristina. Kelso, con amigas como esa, ¿para qué tener enemigos, no?