Noviembre del 2004. Hace varios meses que se ha desatado entre Argentina y Chile la denominada “guerra del gas”. En Chile, su presidente, Ricardo Lagos, no deja de buscar formas y métodos que le permitan acordar con su par argentino, Néstor Kirchner, la manera para resolver el conflicto que le ha hecho perder imagen y credibilidad en el país que gobierna hace cuatro años. Desde que estuvieron a punto de entrar en guerra, en 1978, que no se vive tanta tensión entre ambos países. La administración de Kirchner ha resuelto racionalizar las exportaciones de gas a Chile porque, de no hacerlo, el producto no alcanzará para abastecer la demanda industrial y la domiciliaria en todo el país, particularmente en Buenos Aires, donde los consumidores están pagando un tercio de lo que abonan los consumidores en Uruguay, Brasil y en el mismo Chile. El problema está en que las tarifas son muy baratas y a las empresas radicadas en la cuenca gasífera argentina de la Patagonia ya no les conviene ir a buscarlo a las entrañas de la tierra.

En el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, un avión está pronto a despegar con destino a México. Una misión oficial del Gobierno argentino lleva a varios ministros, algunos gobernadores y empresarios hacia el país azteca. La está encabezando el ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien ha quedado a cargo de la misión a último momento. El presidente Kirchner no podrá abordar el avión y lo puso como responsable. Una fuerte gripe de primavera lo ha dejado de cama. Julio Cobos, el gobernador mendocino, está en el avión. Cuando ya han alcanzado los diez mil metros, Cobos se acerca al ministro Lavagna y le pide unos minutos. Quiere exponerle una idea de posible solución para que Mendoza cobre una demanda ganada a la Nación por los perjuicios que le provocó a Mendoza el DNU presidencial que extendió los beneficios de la promoción industrial, que ha beneficiado a San Luis, San Juan, La Rioja y Catamarca.

La demanda mendocina, ya resuelta a favor de Mendoza y en contra de la Nación, es por US$600 millones. Kirchner ya le dijo varias veces al mendocino que no hay plata para pagar. Cobos saca una carpeta y, durante el vuelo, le explica a Lavagna que Mendoza no quiere plata. “Queremos una obra”, le dice Cobos a Lavagna. El gobernador toma la crisis energética como problema, repasa junto a Lavagna el conflicto que ha escalado con Chile y le comenta que la idea que se ha barajado en Mendoza es desempolvar un viejo proyecto para la construcción de un dique sobre el río Grande, en Malargüe. Es un proyecto de casi medio siglo de antigüedad para regular el río, y, particularmente para generar energía hidroeléctrica. Cobos entusiasma al ministro. Le dice que en Mendoza no quieren la plata que ya Kirchner ha dicho que no está a disposición, pero sí que la Nación, para saldar la deuda, se haga cargo de una obra que generará energía en medio de una crisis que se extenderá por mucho tiempo. Lo que resta del vuelo, más algunas reuniones aparte durante la gira mexicana, permiten a Cobos y Lavagna comenzar a pulir una idea que luego terminaría aceptando Kirchner, unas semanas más tarde.

Hacia fines del gobierno de Roberto Iglesias (1999-2003), la Corte nacional había fallado a favor de Mendoza aquella demanda por los perjuicios de la promoción industrial. En verdad, Mendoza había planteado que sus arcas se habían perjudicado por la liquidación del IVA que proporcionalmente le correspondía por la Ley de Coparticipación, llevando adelante un planteo similar al que han ventilado por estos días las provincias peronistas en contra de la administración de Mauricio Macri por las últimas medidas económicas que se tomaron tras las PASO de agosto. Junto con Mendoza también habían demandado a la Nación las provincias de La Pampa y Misiones. Con Cobos en el Gobierno, Mendoza había entablado un intento de negociación con La Pampa para que la provincia que ya gobernaba el actual mandatario Carlos Verna apoyara a Mendoza en su planteo de cambiar la demanda dineraria por la construcción de la presa. Buscando resolver el conflicto por el río Atuel, Cobos le había planteado a Verna que, si se hacía la presa, también se podía llevar adelante el trasvase del río Grande al Atuel y, por medio de esa mayor cantidad de agua, entregar a los pampeanos la cuota de agua que reclaman. Verna no aceptó el convite. Su provincia cobró la demanda, en pesos, no en dólares, igual que Misiones. Era la contrapropuesta de Kirchner para esas provincias demandantes.

En aquel vuelo a México, finalmente, Cobos comenzaría a cerrar un acuerdo con Kirchner que se firmaría en marzo del 2007, en la oficina de Julio de Vido y previo un estudio concienzudo del que se había encargado Alberto Fernández, el jefe de Gabinete de aquel Gobierno nacional y hoy favorito para ganar las presidenciales de octubre.

La historia de la construcción de Portezuelo del Viento cumple hoy una página trascendente con el llamado a licitación previsto para el mediodía en Malargüe. Se llega tras aquel pacto que Mendoza firmó por el monto total que termine insumiendo su construcción. De aquellos 600 millones por la demanda inicial producto de los perjuicios de la promoción industrial, la Nación ha comprometido US$1.023 millones en Letes ya emitidas y enviadas a la orden de la Provincia. Se estima que a fines del 2020 comenzará su construcción. A esa fecha, la Provincia habrá embolsado unos US$200 millones que permitirán arrancar con la obra que demandará cinco años de construcción.

De la presa se dice que es la mayor obra planificada en la historia de la provincia. Tendrá una dimensión cinco veces más grande que Potrerillos y, una vez construida, se transformará en una de las más altas del planeta. El dique tendrá 185 metros de altura y podrá almacenar 2 mil hectómetros cúbicos de agua. Incluye, además, la construcción de una central hidroeléctrica con una potencia instalada de 210MW y generará una energía media de 889GW/h, suficiente como para abastecer, aproximadamente, a 130 mil hogares.