Cada persona posee unas cualidades que pueden ser más o menos afines a la forma de ser propia. Sin embargo no existe ningún ser humano perfecto y siempre habrá ciertas áreas en las que no se estará del todo de acuerdo. La idealización puede constituir una molestia para cualquier relación debido a la excesiva carga que se coloca sobre la figura del otro.
Tanto si esa imagen irreal se mantiene en el tiempo como si se desmorona al comenzar a intimar, en ningún caso contribuirá a formar una relación saludable. Se debe de ser capaz de ver a los demás tal y como son, amarlos y aceptarlos con sus virtudes y sus defectos. De lo contrario, no se estará relacionando verdaderamente con esa persona sino con una fantasía.

¿En qué consiste la idealización?
Idealizar a alguien consiste en considerarlo un modelo de perfección, exagerando las virtudes de esa persona y pasando por alto sus cualidades menos positivas. De esta forma, se genera una imagen bastante alejada de la realidad que puede complicar la relación con el individuo idealizado.
Es cierto que en determinadas circunstancias, como puede ser el inicio de una relación romántica, la idealización es parte del proceso. No obstante, algunas personas presentan una mayor tendencia a idealizar a los demás. ¿A qué se debe?

Baja autoestima
Cuando no se cuenta con una autoestima adecuada es común tender a valorar en exceso a los demás en detrimento del valor propio. De alguna forma se sobredimensiona aquello que se encuentra en otros y que a uno le falta. De esta manera, se termina considerando al otro especial, inalcanzable y perfecto mientras uno se siente inferior.
Esta es una situación peligrosa que puede derivar fácilmente en relaciones de dependencia. Si la persona se considera poca valiosa a una misma mientras se enaltece las virtudes de la contraparte, rápidamente se caerá en comportamientos sumisos y complacientes.

Perfeccionismo
El perfeccionismo guarda una estrecha relación con la tendencia a la idealización. Eso es debido a la percepción dicotómica que mantienen los individuos perfeccionistas sobre su entorno. Todo es blanco o negro e, igualmente, las personas son fantásticas u horribles. Cuando encuentran a alguien que parece encajar con sus más altos valores, tienden a colocarlo en un pedestal y a ignorar sus fallos.
Anhelos infantiles
Cuando los conflictos de la infancia no se resuelven adecuadamente pueden reproducirse en las relaciones adultas. Se busca recrear la relación infantil con los padres en la que la persona se siente única y amada incondicionalmente, en la que las demandas sean satisfechas sin tener siquiera que articular palabra.
En estos casos puede que se proyecten dichos anhelos en las personas con quienes se relaciona. Se les otorga el papel de proveedor todopoderoso y se deposita en ella las más altas expectativas. Evidentemente, esto no es realista ni saludable y más pronto que tarde aparecerá la decepción.
¿Qué ocurre con la idealización?
La idealización puede desembocar en dos desenlaces diferentes pero igualmente desalentadores. Por un lado es posible que las expectativas irreales asociadas a una persona caigan por su propio peso con el paso de tiempo. Nadie es perfecto, todos cometen errores y tienen fallas. Por ello, cuando la venda se cae de los ojos del idealizador puede sentir decepción y una profunda sensación de traición.

Comenzará a pensar que la persona lo ha engañado, que no era lo que parecía ser. Lo cierto es que él mismo la había colocado en un pedestal insostenible y al enfrentar la realidad se verá invadido por la frustración.
Por otro lado puede ocurrir algo completamente opuesto. Para mantener el equilibrio psicológico, las personas tienden a mantener a salvo las creencias que ya poseen. De esta forma, ignoran toda información que contradiga sus ideas y buscan activamente aquella que las apoye.
Cuando un individuo idealiza a otro puede hacer lo indecible por mantener esa imagen ficticia que le ha asignado al otro en su mente. Para ello recurrirá a mil excusas y justificaciones de forma que pueda evadir los fallos que comienzan a hacerse patentes en el otro. Igualmente enaltecerá sus virtudes más allá de lo positivo que verdaderamente puedan tener.

Si se desea establecer una relación saludable es necesario que liberar de estos velos y mirar de frente a la persona en su totalidad. Se ha de aceptar sus aciertos así como sus errores, asumiendo que es humana y queriéndola en su imperfección. Solo de este modo el vínculo será real.
Por: Elena Sanz.Graduada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid
