Hay situaciones en la vida, etapas, acontecimientos y lugares que requieren fortaleza física, mental, emocional o espiritual. Pero ¿es lo mismo saber enfrentar estas situaciones que declararse una persona fuerte? ¿Cómo nos definimos frente a la adversidad?¿ Es necesario ser una persona fuerte para vivir mejor o ser más feliz?
Para la astrología la carta natal es la representación de los planetas al momento de nacer, y de cierta forma sin explicación científica ni demostrable, pero si experimentable, nos indica que contamos con una estructura de fábrica que es potenciable o no pero viene de cierta forma definida. Así como tenemos determinado color de ojos, de piel y forma de pelo, para la astrología tenemos cierta forma de amar, enfrentar conflictos y buscar la realización material.
Pero al igual que en la estructura biológica del ser humano, el resultado no sólo depende de la carga genética sino del contexto que promueve cierta expresión fenotípica y de la herencia ambiental que crea cambios epigenéticos. En términos simples, esto significa que lo que somos depende en gran medida de lo que traemos, del contexto en el cual vivimos y de quien nos cría. Es como si fuéramos un pastel a medio hacer, traemos el bizcocho, los ingredientes para el relleno, pero el cómo los mezclamos y la decoración final depende ciento por ciento de nosotros.
El asunto es que hay valores sociales que los internalizamos por acciones de mimesis, es decir, copiamos en forma automática el comportamiento de otros sin cuestionarnos si es o no cómodo o beneficioso para nosotros. Terminamos decorando nuestro pastel según lo hacen todos, porque creemos que existe un estándar único y es lo correcto para ser feliz. Buscamos ser seres en serie cuando en realidad somos seres únicos.
Es por eso que definirse como una persona fuerte es una trampa, porque es una condición que en sí misma no sirve si no está aplicada a un contexto. ¿Para que nos sirve ser fuertes al momento de disfrutar? Obviamente para nada. Además no existe un única forma de ser fuerte. Ser fuerte es una expresión simplista de una serie de cualidades que deseamos tener o desarrollar en una situación adversa. Frente a lo difícil buscamos comprender la postura del otro, firmeza para poner límites sanos, habilidad para adaptarnos al cambio, entusiasmo y confianza para salir adelante y resiliencia para transformar el daño. Hay veces que es mejor hablar con muchas palabras y no abreviar el lenguaje. De esta forma logramos observar los ingredientes con los que contamos y el contexto. No es lo mismo hacer un pastel para la media tarde, que uno para un festejo de quince.
Cuestionarnos para qué deseamos ser fuertes nos abre paso a la duda, nos abre paso a la debilidad y a la indeseada vulnerabilidad, pero al igual que los metales, la resistencia mecánica se debe en gran medida a su capacidad de deformarse y volver al estado natural. Lo que es muy rígido se quiebra sin posibilidad de repararse. Aprender a cuestionarse es un entrenamiento para aprender a ser vulnerables, y ser vulnerables nos permite ser flexibles. Al final la experiencia nos demuestra a diario que gran parte de la felicidad depende de nuestra capacidad de aprender a sacar el mayor partido de lo que tenemos, cuando lo tenemos y en dónde estamos.
