Un asado siempre es motivo de buenas carcajadas. No hay nada que pueda empañar tan entrañable reunión argentina. Una sana costumbre.
El Niki nos llamó y avisó uno por uno que nos juntábamos en su casa el viernes y que el Cabezón ya había puesto el matambre en limón el lunes o el martes. No hay parrillada en el mundo ni restorán más sofisticado que supere los asados del Cabeza. Es al pedo, son como los ñoquis de la vieja.
No éramos muchos, yo calculo que algo así como diez. Y uno puede compartir miles de asados con miles de amigos, pero los asados previos al Mundial, he comprendido, son diferentes. Y más en la casa del Niki. Porque todos los que estábamos en la mesa reunidos fuimos o somos compañeros de laburo, dedicados al periodismo deportivo. No somos deportistas frustrados como muchos creen, somos tercos que amamos tanto el deporte que al menos nos conformamos con esto de contarlo. Para mí, un deportista frustrado es el que dice fraces poco felices como “Maradona no supo ser un ejemplo” o “Higuaín no hizo nada en el clásico con el Barcelona”. Son tipos que nunca en su puta vida supieron de entrenamientos, de dolores en las piernas, de nervios antes de un partido o de boca seca de tanto transpirar. Son quienes alguna vez jugaron un picado en el barrio y con el pasar de los años creyeron ser algo así como el Sir Alex Ferguson. En Argentina hay miles. Y cada vez parecen ser más.
La cuestión es que ese viernes experimenté una especie de té bingo, pero de muchachos que promedian los treinta. Es decir, en un momento y cuando el Cabeza ya había tirado las mollejas y los chinchus, observé que éramos un grupo de especímenes comiendo, riendo a boca abierta y hablando de la Selección del Diego. Pero nada de que uno daba su discurso y los demás escuchaban como si estuviésemos en la mejor de las conferencias. Nada que ver. Comos se sabe, en los asados, uno está lejos de levantar la mano para pedir la palabra y en definitiva lo que se sentía eran millones de conversaciones cruzadas, entrelazadas entre sí, delirantes, tan geniales como el mismo costillar. Música para el oído si amás el fútbol. Y centro de polémicas.
-Escuchame, Mascherano es un pulpo, hermano. Vos lo ponés ahí con flacos que más o menos marquen y el medio de Argentina es impasable- tiró uno y alcancé a distinguir esa única frase en medio del alboroto.
-Messi no siente la camiseta. A Messi le faltan años luz para igualar al Diego y en el esquema de Maradona no va, loco. No sé, yo creo que nos quedamos afuera en cuartos- lanzó el Franco y sobrevoló el primer silencio allí mismo. Unos segundos después, las expresiones de todos los demás le siguieron en cascada.
-Tas en pedo petiso.
-Messi es un genio y en el Mundial la rompe.
-Messi es un fantasma.
-Ni a gancho.
-Argentina va a salir campeón, carajo. Cuando entrenen un mes con el Diego, somos imparables.
-No pasamos la primera ronda, Fede.
-¿Ardu qué le pusiste a esta ensalada?
-Messi va a ser el goleador, dejen de hablar pelotudeces.
-Maradona no tiene autoridad moral. Dirigió a Mandiyú y a Racing desde la platea. Estamos al horno.
-Argentina levanta la copa boludo, pasame un chori, Mosqui.
-Es verdad, como en el 86 y en el 78. Un poco de confianza muchachos.
-El 78 no cuenta, fue sucio y oscuro ese Mundial. Argentina sólo fue campeón en México, que me disculpe Mario Alberto Kempes.
-Heinze ya fue. La defensa son todos centrales, en el Mundial cagamos.
-Martín Palermo nos va a salvar con un cabezazo.
-¿Che vieron lo rica que está Romina Gaetani en Botineras?
-Ahora ves novelas…
-Maradona siempre va a tener derecho a dirigir la Selección. Además de que fue un genio, moría por Argentina. Qué quieren, no me pudo olvidar del 90. Tenía el tobillo del tamaño de un zapallo y le puso el pase más genial del universo al Cani. Nada que discutir, muchachos, el Diego se ganó el lugar para dirigir a fuerza de amor por la camiseta. No hablo más.
-Carlitos Tevez levanta la copa- soltó el Kiita. Y el Kiita, cuando habla, tira la posta. Porque habla tan escuetamente que o te hace cagar de risa con una fenomenal oración o te deja pensando un par de minutos. El Kiita lleva a la perfección eso que dice “Uno es esclavo de sus palabras pero nunca de sus silencios”. Hay que ser más como el Kiita.
-Che, está muy feo este asado, Cabezón. Me tenés podrido.
-Callensé trolas y coman. No tomen más coca que es para el ferné, hijos de puta.
Y comimos. Y seguimos hablando y hablando como loros, como locas urracas que esperan la copa del mundo. De pronto, el Mosquito sacó su cámara y dijo: “Hay que inmortalizar este momento”.
-Yo con este petiso no quiero salir en la foto.
-Qué raro, tu hermana siempre se prende conmigo en las fotos.
-Callate alcahuete- gritó uno de los vagos y de pronto, cuando ya estábamos apostados para que el flash congelara la imagen, voló un envase vacío de sprite por arriba de la medianera (gracias a Dios era de plástico) y cayó junto a nosotros.
-¡Callensén de una vez, manga de borrachos!
-Uhhhh- dijimos al unísono y nos empezamos a cagar de risa por el grito de la vecina desvelada.
-Pará, cállense boludos que el que vive acá soy yo y después me viene a toca el timbre la vieja loca- sacudió el Niki mientras agitaba el brazo.
-Che, pero es viernes.
Y voló otro envase por arriba de la medianera. Y en eso disparó la cámara.
Ahora que tengo la foto acá y la veo en la compu, entiendo que a veces hay risas sumamente genuinas. Algo me dice que este Mundial puede ser para nosotros. Creo que este asado ha sido un buen presagio.
