Dante Di Lorenzo, uno de los grandes periodistas que tuvo en Mendoza y que dio cátedra desde nuestra querida Elevediez, solía decirnos a quienes nos iniciábamos en estas lides de la comunicación:“La búsqueda del perfeccionamiento debe hacerse con la curiosidad del sabio y con la humildad del mendigo”. Buen consejo, Dante, espero haber sido, aunque sea una porción, coherente con él.
La frase se me vino a la memoria porque uno ve de pronto a esos señores que hacen ostentación de poder, que ya han acumulado dinero para varias de sus degeneraciones, que se creen de vuelta de todo, que se atreven a aconsejarnos cómo ser felices siendo pobres, y uno piensa: “¡Qué tipo más solido! ¡Qué tipo tan seguro de sí mismo! ¡Qué consistencia de roca!”. ¡Roca las petunias! No les da ni para ripio. Porque si uno les horada el sobretodo piel de camello, el saco Yves Saint Laurent, la camisa Cristian Dior, les va a encontrar la piel desnuda, y en su desnudez se les hacen evidentes las imperfecciones. Si uno los descascara, aparecen sus vulnerabilidades.
A poco de ahondar nos daríamos cuenta de que son tan falibles como nosotros y,muchas veces, la mayoría de las veces, más infelices que nosotros. Se salvan en lo material, pero tienen la moral en el Codeme de la conciencia. Muchos de esos tipos ricos son unos pobres tipos. Pueden comprar de todo pero andan buscando en los supermercados una góngola que les ofrezca felicidad.
¿Y sabe qué? No la encuentran. A esos no les luce la plata, decía mi padre cuando se enteraba de que uno de esos señores todo poderosos había entrado en desgracia. ¿Cómo hacen para comprar amigos si los rodea la desconfianza? ¿Cómo hacen para comprar amor si el amor no cotiza en bolsa? ¿Cómo hacen para disfrutar de sus hijos si sus hijos también son la competencia? A pesar de sus cuentas bancarias, son pobres tipos. Porque no tienen la curiosidad del sabio ni la humildad del mendigo, sólo tienen la voracidad de la avaricia.Y, entonces, la roca, de noche y en soledad, tiene la gelatinosa consistencia de una medusa.
