Hay animales famosos en la historia. Vamos a mencionar algunos que nos sirvan de introducción. Los caballos toman la delantera, con Bucéfalo, el pingo de Alejandro Magno, al cual, después de su muerte, le consagró una ciudad. Rocinante, el de don Quijote, y Babieca, el del Mio Cid. La literatura nos consagró algunos animales como Moby Dick, la grandiosa ballena blanca capaz de luchar contra los barcos; Chita, el chimpancé de Tarzán, y el elefante al que Saramago siguió durante su viaje a Austria. Disney nos dibujó muchos que aún siguen funcionando. Dicen que fue tanta la sorpresa que le dio a Disney la fama de sus personajes, que se quedó helado. En aras de complacer a la ciencia murió la perra Laika. La vaca es sagrada en India, por lo que uno supone que comerse un asadito es como tomar la comunión. Ahora tenemos una nueva estrella en la cartelera de los famosos: el pulpo Paul. Pegó todos los resultados del Mundial este pulpo alemán o, mejor dicho, este pulpo criado por alemanes. Predijo que Alemania le iba a ganar a Uruguay y España a Holanda. Alguno de ustedes podrá decirme que todo esto es una estupidez enorme que no tiene ningún asidero racional. Puede ser, pero lo concreto es que el pulpo Paul acaparó grandes espacios en los medios de comunicación del mundo. Hubo canales españoles que transmitieron en directo el momento en el que el pulpo Paul elegía una de las dos almejas, que de eso se trata. Para el pulpo no es una cuestión de pronóstico deportivo, es una cuestión de alimentación. Según el director del acuario donde nació Paul, el bicho demostró a poco de nacer su inteligencia y la forma de mirar a la gente los llevó a intentar comprobar su talento. ¿Talento? ¿Qué es? ¿Uno de los Beatles? ¿Ese no era Paul MacCartney? ¿Inteligencia? ¿Qué es, un émulo de Einstein? Todo esto habla de la necesidad de los hombres de creer en algo más que ellos mismos. Yo digo, ¿no lo podríamos traer a Argentina para que ocupe un puesto en el Poder Ejecutivo? Ya nos han mandado tantos los pingüinos que a ahora convendría que nos mandara un pulpo. Podríamos consultarlo sobre quién va a ganar la elección del 2011, así no tenemos que ir a votar. Claro que no creo que quiera venir al invierno argentino. ¡Saben la plata que gastaría en guantes!
Paul
Todo esto habla de la necesidad de los hombres de creer en algo más que ellos mismos. Yo digo, ¿no lo podríamos traer a Argentina para que
ocupe un puesto en el Poder Ejecutivo?
