Otra vez el desasosiego, la televisión marcando al máximo los pequeños y los grandes detalles de una confrontación, gente enfervorizada por todos lados, bocinazos en las calles, banderas argentinas para definir la división de los argentinos, piquetes por aquí, piquetes por allá, cacerolazos, manifestaciones, la Plaza de Mayo como centro de las reuniones, De Angeli preso de Gendarmería, Kirchner y sus ministro pavoneándose en la Plaza de Mayo para dar apoyo a Cristina y para los aplausos, y los abrazos, y los cánticos alegóricos.

    D’Elía que sale a acusar a Duhalde y habla de un golpe de Estado. Por otro lado, un país desabastecido, con supermercados que exhiben con dolor en sus bolsillos góndolas vacías, los combustibles que no llegan y entonces se hace una tortura conseguir algo de nafta o de gasoil, los remedios que no se envían porque pueden echarse a perder en los caminos con tanta espera, la gente en la ruta que no tiene la culpa de nada pero tiene que aguantar esperas de horas, de decenas de horas a veces, para poder transitar libremente por el territorio argentino tal cual lo expresa la Constitución Nacional.

    La ayuda social que no llega y entonces son cientos de miles de indigentes los que quedan desamparados. ¿Qué cuernos es todo esto? ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación de enfrentamiento que ya ha dividido a la sociedad argentina? ¿Hay algún motivo, por grande que fuera, que pueda hacernos llegar a esta situación? Han pasado 90 días desde el inicio de los conflictos y la solución cada vez parece más lejana, las posiciones cada vez más irreductibles.

    El Gobierno, que no retrocede un tranco de pulga, y los ruralistas, que endurecen sus protestas. Todo esto en un momento ideal para que Argentina pueda colocar sus productos en el mundo, porque el mundo está soportando una crisis alimentaria como hace mucho tiempo no ocurría. Nos falta inteligencia. El argentino es un tipo hábil individualmente, informado, conocedor, pero tal vez esté acostumbrado al salvate solo, hacé la tuya, vos cuidá tus intereses.

    No hay grandeza, hermano. La grandeza es cuando se posponen intereses sectoriales para pensar en el bienestar de todos. Cuando los argentinos aprendamos a ser inteligentes, no individualmente, sino en conjunto, este ha de ser un gran país. Mientras tanto, seguiremos peleándonos entre nosotros sin entender qué cuernos quiere decir la palabra nosotros. Un poco de luz, por favor, aunque sea de los focos de bajo consumo que no repartió la presidencia.