Ir al supermercado se ha transformado, en los últimos años, en un dolor de cabeza. Es raro ver a las familias con el carrito lleno. Es más, ya no se hace el tradicional “pedido del mes”, porque puede superar, tranquilamente, los $5 mil o $6 mil. Ayer, en la cola de un súper godoicruceño, una mujer se quejaba de los precios con una de las cajeras. “Ustedes son modificadores de precios crónicos”, le recriminó con tono elevado. Esto, porque, aseguró, había comprado un dulce de leche cinco días antes y ahora lo vendían $40 más caro. La trabajadora respondió que su compra anterior era una promoción. En fin.