Buenos días, a pesar de todo. Las religiones subsisten por tres motivos principales: fe, costumbre y miedo. Se le teme a Dios, cosa que no debiera ocurrir en la religión católica, porque el mensaje de su dios es de paz y amor. El dios católico es un pan de Dios, a tal punto que no tuvo dudas para enviar a su hijo a que se sacrificara por todos nosotros. Habría que temerle al diablo, tal vez no lo hacemos, porque somos más parecidos a él: le pedimos la protección a Dios pero obramos para el diablo. Sin embargo, a Dios se le teme. Dios castiga y no se le ve el látigo. Debemos reconocer que el ser humano es un objeto endeble, vulnerable, por eso siente temor, mucho temor. Le teme al rayo, a los temblores, al Zonda, a ese lunar que cambió de color, al Monotributo, a otro hombre, al susto, al jefe, a los ladrones, a las inyecciones, a la soledad, a la suegra, al dentista, al avión, a que el baño esté ocupado, a que la piba que queremos nos rechace, a la traición, a la vejez, a las biopsias, a un rotweiller, a una llamada por celular a las cuatro de la mañana, a los exámenes, a los fantasmas, a que nos reboten el cheque, a las arañas, a jugar en Primera B, a salir de garante y a los abogados. Nuestra señora presidenta, artista exclusiva de la Cadena Nacional, dijo que había que tenerle miedo a Dios y un poquito a ella. Es decir, tuvo la deferencia de colocarse en un escalón debajo de Dios, todo un signo de humildad. Algunos contreras, que no faltan en ningún país, dijeron que era un gesto de soberbia. Yo no lo creo así, sino que es un sano consejo: deberíamos tenerles miedo a los presidentes. Es tan bueno Dios que los presidentes dicen al jurar: “Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden”. Y, que yo sepa, a pesar de haber tenido sobrados motivos, Dios no ha demandado a presidente alguno. Si les hubiéramos tenido miedo a los presidentes no hubiéramos votado a algunos que realmente meten miedo. Tal vez tenga razón Cristina y deberíamos temerle un poco, porque nadie sabe con qué disparate va a salir mañana. Propongo una oración pseudodivina: “Señora nuestra, que estás en la Rosada, os tenemos miedo, por la inflación, por los datos del Indek y porque tememos que nos encuentren con dólares. No nos castigues, por favor, recuerda que nosotros te hicimos posible, ten piedad de estos humildes argentinos que no sé qué haríamos sin vuestra iluminada presencia. Permítenos comer con seis pesos, quítanos el temor por los poderosos y líbranos del bien, amén”. Envíe esta oración a todos los canales posibles, no rompa la cadena.