Buenos días, a pesar de todo. Otra vez una matanza en masa en Estados Unidos, a dos semanas de la “matanza de Batman” en Denver, ahora fue un templo sij en Wisconsin, esta vez, parece, por motivos raciales. ¿Qué les pasa a los yanquis? Resulta que tienen montada la más fabulosa red para prevenir ataques del exterior y los matan los de adentro. Como dice el refrán: “Acuéstate con armas y amanecerás baleado”. Este es el resultado de un país violento: la violencia en los estamentos de enseñanza, violento en sus diversiones, violento en su cultura, violento en su política exterior, aún violento en las permisivas leyes que dejan que un violento declarado tenga la cantidad de armas que se le ocurra en su casa. Veamos lo ocurrido en Wisconsin, el asesino fue agente del Pentágono, soldado, paracaidista, o sea, un hombre que estuvo siempre emparentado con la violencia, su cerebro, probablemente, procesó como normal algo tan tremendo como la muerte de semejantes.

La presencia de un arma implica la existencia de una víctima, el arma, cualquiera sea su calibre, no fue hecha para peinarse, para revolver la sopa, para untar el dulce de leche, el arma fue hecha para herir, para agredir. El que tiene un arma está reconociendo que entre sus posibilidades está la de matar. Esto podría controlarse si la cultura que rodea al armado es una cultura pacífica, solidaria, buena para los otros, y aquí viene la cuestión, porque la cultura que rodea al asesino de Wisconsin es una cultura violenta, esa es la verdad, y, entonces, las posibilidades de un magnicidio es muy alta: ¿Está pagando con la sangre de sus habitantes, derramada por los gatillos de sus propios habitantes, lo que Estados Unidos sembró en el mundo? Recueden Hiroshima, recuerden Nagasaki, recuerden las invasiones a países indefensos, recuerden el aliento y la asistencia a gobiernos despóticos, digo Videla y me lleno de espanto; digo Batista y Cuba se me hace sangre; digo Pinochet y se le eriza la piel a la libertad; digo Granada; digo el Oriente Medio; donde siempre metió sus narices de pólvora, nombro a Sadam Hussein, a quien entronizó y luego colgó; digo a Gaddafi, a quien sostuvo en el poder y después lo sirvió a sus asesinos.

Violencia, siempre violencia. No tengo dudas de que Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, ese capaz de destruir varias veces a la humanidad, pero tampoco tengo dudas de que es el país más odiado del mundo, a tal punto que ahora no hace falta que vengan a matar a sus habitantes desde afuera, se matan ellos mismos desde dentro. ¿Y nosotros queremos parecernos a ellos? ¿Este es el primer mundo que ansiamos? No, jefe, gracias, déjeme a mí con mi mate, con los partidos de los domingos, con algún asado enguitarrado, con una mujer en mis sueños, déjeme así, con carencias y todo, con inflación y todo, que yo, que aquí, que nosotros, aún queremos mucho a los argentinos.