El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, está oficialmente preso. Tras dejar el edificio del Sindicato de los Metalúrgicos del ABC caminó en medio de la militancia y se entregó a la policía.
La detención del ex presidente se concretó casi 26 horas después del plazo que el juez Sergio Moro había dado para que se entregar voluntariamente. Hubo confusión entre manifestantes que intentaron impedir nuevamente la salida de Lula, pero la última vez sin éxito. Fuegos artificiales fueron oídos en barrios de la zona sur de São Paulo tras la detención del petista.

En un fuerte operativo de seguridad, Lula fue escoltado hasta el aeropuerto para ser trasladado hasta la cárcel de Curitiba.
Allí lo espera una cómoda celda, sin rejas y con una dimensión de unos 15 metros cuadrados. Además cuenta con baño privado.
La sala-celda está ubicada en el cuarto piso de la Superintendencia de la Policía Federal.
Según fuentes policiales, el ex presidente tendrá un horario reservado para salir de la celda especial -cerca de dos horas diarias-. Además, al menos en los primeros meses, Lula no recibirá visitas de familiares en conjunto con los demás detenidos. Quienes están detenidos en la sede de la Policía Federal en Curitiba reciben a sus familiares todos los miércoles, simultáneamente, en un mismo espacio.
