Buenos días, a pesar de todo. La psicología es el único negocio donde el cliente nunca tiene la razón. Una antigua definición dice: “Los idealistas construyen castillos en el aire, los locos los habitan y los psicólogos cobran el alquiler”. La psicología está atravesando un momento de crisis. Es un caso excepcional. Salvo la psicología, absolutamente todas las otras actividades y disciplinas están atravesando un período de crisis, y lo peor de todo es que no estoy seguro de que la estén atravesando.

La crisis es un estado natural del argentino. Ser argentino es ser crisista. Y pensar que en su etimología más pura “crisis” quiere decir “cambio”. El único cambio que yo veo es que pasamos de una crisis a otra. Y claro, afecta también nuestro comportamiento, se mete con nuestras culpas, miedos, con nuestras propias valoraciones y, entonces, los psicólogos se agarran de las barbas del viejo Freud y entran a desparramar consejos. El complejo de Edipo, o el complejo de Electra tienen que ver con los progenitores. Yo tenía un complejo de Edipo bárbaro, hasta que mi psicólogo me curó, desde entonces es como una madre para mí. El complejo de inferioridad abunda.

El complejo de persecución crece. El otro día, un amigo mío le dijo a su analista que se sentía perseguido, y el analista lo atendió y le cobró tres veces: una por él y dos por los que lo seguían. El estrés está de moda. ¿Qué es el estrés? Bueno, básicamente, estrés es la justificación de todos los médicos que no alcanzan a diagnosticar otra cosa. Cualquier cosa sin diagnóstico es alergia o estrés, al cual contribuyen algunos hábitos nocivos, como la ingesta de café o la fumata de un cigarro. Pero también las urgencias, los vencimientos, las cuotas, el tránsito, la caída de las bolsas, el viento Zonda, el exceso de trabajo o la falta de trabajo, este último, a elección. A elección de los gobiernos de turno.

Las relaciones afectivas del tipo están mezcladas, confundidas, como happening de lombrices. Con sus hijos tiene un problema de comunicación. Cuando los pibes quieren hablarle, él está viendo el partido, cuando él quiere hablarles, los pibes están con la PlayStation. La últimas palabras que se dijeron fueron: Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. La relación de pareja es más delicada que mameluco de seda natural. No se ponen de acuerdo. En lo único que coinciden es en el baño, cuando, por lo general, él debe postergar retorcijones por maquillaje.

El aspecto sexual es un campo de disturbios, una cama de disturbios, debería decir. A él le molesta que ella se ría, porque hace el amor sin dejar de ver a Tinelli, y a ella le molesta que él cumpla con su faena con la misma actitud que tiene cuando hace un depósito bancario, ya que de depósito se trata. Y, para colmo, fuera está el mundo y cuesta atravesarlo. Y en el mundo está, por ejemplo, la corriente del Niño o de la Niña, culillitos enchufados que hacen del clima un galimatías para los pronosticadores. Y en el mundo está la competencia que dicen que es tan sana pero también es despiadada. Y en el mundo está la globalización, que termina por confundir la identidad, y entonces el tipo ya no sabe quién cuernos es: si es él, si merece ser él, si es él a pesar de él, si es él sin darse cuenta, o qué culpa tiene de ser él.

Por consiguiente, aumentan las consultas al psicólogo a tal punto que ya algunos han habilitado divanes de dos plazas para atender tal demanda y otros están pensando hacer terapia de grupo en el Malvinas Argentinas. Y, para colmo de los colmos, la psicología también tiene problemas de identidad, porque no sólo compiten corrientes que, si no se contradicen, por lo menos no se ponen de acuerdo, sino que, además, toda la filosofía de su existencia está en estado de revisión. En definitiva, y discúlpenme el término: este es un despelote tan grande que ya deberían existir psicólogos de países. O a lo mejor ya los hay, pero no atienden órdenes de mutual. El tipo está jodido, íntimamente jodido, intelectualmente jodido, mentalmente jodido, espiritualmente jodido, y lo más jodido es que los psicólogos también son tipos. Del revuelto de comidas salen nuevas croquetas, esperemos que de este revuelto de malestares salga un nuevo tipo con, al menos, algo en la croqueta.