Buenos días, a pesar de todo.
Podría recordar de él cosas que todos sabemos pero aún siguen siendo papelones. El vuelo de una nave a la estratósfera para llegar de Córdoba a Japón; sus viajes a doscientos kilómetros por hora en la Ferrari; la confesión de que había leído las obras completas de Sócrates; el locro que hizo hacer para celebrar su casamiento con la Bolocco; la picadura de la avispa que le dejó la cara como un melocotón.
También podríamos referirnos a los chistes que lo involucran. ¿Cuál es el movimiento político más antiguo? El menemismo, ya en la época de Alí Baba tenía cuarenta afiliados. ¿Cómo sabes si Menem está mintiendo? Sus labios se mueven. También podríamos recurrir a los apodos que lo definen. Calzoncillos Rotos: dejó a los compañeros colgados; Feliz Domingo: duró mucho tiempo haciendo estupideces; Hueso de Plástico: no lo quieren ni los perros; Monarca: mitad mono mitad garca; Pollo al Espiedo: está quemado hasta el poto pero sigue dando vuelta. Ahora, vamos a analizar el término “el hijo de la pavota”.
El Inadi tendría que tomar intervención en este asunto porque implica un intento de discriminación. La pavota es una mujer que no cuenta, que no participa, que no es tenida en cuenta; una persona del género femenino que se somete sumisamente a lo que pasa, por decirlo de una forma educada. Los hijos son como ella: pavotes. Los giles, los que en lenguaje tribunero serían a los que siempre agarran de punto.
Pues bien, después de todo lo que hizo este señor: privatización de YPF, destrucción de los ferrocarriles que terminaron con cuatrocientos pueblos argentinos, explosión de Río Tercero, envío de armas a Croacia, que para él era la capital de Ecuador, y después de otros significativos desastres gubernamentales, el suejto es senador nacional: lo amparan los fueros de los legisladores; por lo tanto, no se le puede hacer juicio y cobra, escuche bien, sesenta mil pesos mensuales, que le pagamos nosotros, obviamente. No quiero hacer más comentarios, chicos, somos los hijos de la pavota.
