Estaba en una farmacia comprando un kilo de ansiolíticos para poder dormir la siesta y delante de mí había personas del género humano con dos recetas en las manos. El empleado de la farmacia,que parecía ser idóneo, (un idóneo es alguien que sabe de todo pero que no tiene título para saber), trató de descifrar lo que las recetas decían, puso los ojitos como japonés encandilado, y esbozó el nombre de algunos remedios: “Parece ser paracetamolítico comprimidos”, o parece ser “supercalifragidístico en jarabe”. El tipo no entendía un corno lo que la receta decía.

    Tuvo que consultar con algunos idóneos como él, inclusive alguno con título, para dar con las letras correctas que estaban incluidas en esa grafía (de algún modo hay que llamarla) que algún médico habría escrito en algún consultorio. Este es uno de los mitos modernos que todavía no tiene explicación lógica. ¿Realmente tienen los médicos tan mala letra como para que no se les entienda un corno o lo hacen a propósito para mantener el mito? Yo creo que es una pose que no les conviene. Si los agarrara un experto en grafología seguramente le diría al paciente: “Mire don, hágase atender por otro médico, porque este, según su letra, tiene un despelote tan grande en su vida, que no creo que pueda resolver los problemas de los otros.

   Ya bastante tiene con los suyos”. Resulta que hay científicos que están desculando la escritura de los mayas, que no es nada fácil de esclarecer, y varios empleados de una farmacia no logran entenderle el nombre, el único nombre de un producto de la farmacopea moderna. Yo quisiera verlos a estos mismos médicos presentando una monografía en sus facultades o llenando un formulario de aduana con esa letra que ponen ellos en las recetas. Los sacan recontrasonando, Sin embargo, insisten.

    La cuestión es más peligrosa si el médico que escribió eso ininteligible es un cirujano, porque si nos va a cortar el cuerpo con la misma actitud con que escribe la receta, en vez de una cicatriz nos va a dejar un bordado al crochet, vamos a terminar con un arabesco arriba de donde estaba el apéndice. Cuatro tipos mirando una receta de médico para leer qué había querido decir, ¿no le parece un despilfarro de recursos humanos? La cosa es embromada, porque puede uno necesitar un Evatest y resulta que le venden una enema. Hagan buena letra, señores médicos, pero háganla en todo.