Sin embargo, los investigadores no quisieron establecer que habían encontrado el sentido magnético de las personas, a pesar de que el ser humano, al igual que muchas especies animales, dispone de una cantidad considerable de antenas magnéticas en el cerebro. A base de estas antenas, es muy posible que el campo magnético de la Tierra ejerza una influencia sobre las personas y que la manera de pensar y actuar de las personas tenga su efecto sobre el campo magnético de la Tierra. Pero, ¿se puede demostrar que los sucesos que ocurren en el planeta son influenciados o producidos por la manera colectiva del pensar humano? Si se considera que los pensamientos crean campos magnéticos, es decir corrientes energéticas, que, a su vez, influyen en la vibración de la Tierra, sería plausible suponer que los pensamientos y las emociones de 6.500 millones de personas puedan influenciar en los sucesos externos de nuestro planeta. De esta forma, nosotros mismos somos los únicos causantes de nuestro destino y los responsables de lo que nos sucede. En el libro Origen y formación de las enfermedades encontramos el siguiente párrafo: “Los campos magnéticos terrestres registran todos los actos de los habitantes de la Tierra y las corrientes magnéticas que son las portadoras de sonido del gran ente terrenal, llevan todas las resonancias, sean sus consecuencias positivas o negativas, de regreso a aquel que las emitió, es decir, de vuelta al ser humano”.