Uno sospechaba desde hace mucho tiempo que la risa, la alegría, el buen humor alarga la vida. Dice el refrán el que ríe último ríe mejor; mentira, el que ríe último es un salame que no entendió el chiste. Pero no sirve ni ser el último ni el primero, hay que reír siempre. La risa es positiva, y está probado científicamente. Y, si no, pregúntenle al doctor Lee Berk, que trabaja en California, en la Universidad de Loma Linda, que no es la loma que nosotros conocemos por aquí y que de linda no tiene nada. Ahí les doy el teléfono: 00988976554321, llámenlo y van a ver que Lee les va a decir que, por el mero hecho de prepararse, no de ver, de prepararse para ver una película cómica se nos aumenta 27 por ciento las betaendorfinas y 87 por ciento la hormona del crecimiento.
El problema es que se los va a decir en inglés. Bueno, aunque nos lo dijera en castellano, ¿qué cuernos sabe uno qué son las betaendorfinas o las hormonas del crecimiento? Averigüé y, al parecer, esto aumenta los niveles en sangre de las hormonas que refuerzan el sistema inmunológico. Se generan consecuencias positivas para el bienestar, la prevención de trastornos y la reducción del estrés. No hay dudas. O sea, no sólo reír, sino también tener como proyecto ir a reír, a ver una película, un espectáculo que nos haga reír ya nos está favoreciendo. Ya lo saben. Tenemos que reírnos, reír estira la vida, la risa es tiempo ganado, definitivamente. Defender la alegría, nos dice Mario Benedetti.
Terencio decía que no hay asunto, por serio que sea, que no pueda ser tomado con humor. ¡Vamos! Que la vida es muy corta para aprender alemán. ¡Vamos! Que no existe nada que esté tan mal que no pueda estar peor. ¡Vamos! Que con el dinero que usted tiene le alcanza para el resto de su vida, salvo que compre algo. No seamos pesimistas, que, en definitiva, un pesimista es un optimista con experiencia. Reírnos, reírnos siempre, para que viva la vida, para que vuelva la esperanza, para que vuelvan los sueños. Nuestra peor enemiga es la soledad, no nos dejemos solos nunca más, que la risa nos está pidiendo lo que yo suelo pedirles en la tele: “No meeeee dejen solo”.
