Ha llegado la primavera. Menos mal, yo pensé que con todas las cosas que están pasando en este país no se iba a animar a venir. La primavera es la época en que todo revive. Los jardines se pueblan de flores, los árboles se cargan de hojas, el airecito se vuelve querendón y el sol comienza a calentar más que la factura del teléfono. El hecho merece algunas consideraciones. El desabrigue suele provocar un aumento en las taquicardias masculinas cuando la que se desabriga es la mujer y un aumento de las carcajadas femeninas cuando el que se desabriga es el hombre.

Porque las mujeres comienzan a acortar su vestimenta por abajo y por arriba y entonces comienzan a aparecer piernas bien torneadas, bustos generosos y ombligos sugestivos. Entonces, al tipo lo invade una euforia hormonal que es capaz de enamorarse hasta de su propia mujer. El invierno es mucho más piadoso con el tipo, porque un sobretodo es capaz de disimular gran parte de los apósitos de grasa, pero no hay forma de disimularlos en short y con remera.

Sin embargo, no hay dudas de que la primavera es el tiempo del amor.Anda la poesía desparramada en el paisaje y cada uno ensaya versos para el versus que lo enamora.Como quiera que sea, la primavera nos cambia los hábitos, dijo un cura y se puso una minisotana. Las noches comienzan a hacerse placenteras y el patio se presta para que vivamos unas horas con el universo encendido. Claro que en el patio está el quincho, en el quincho la parrilla, en la parrilla el colesterol y alrededor del colesterol unas tonadas que terminan con un festival de cogollos malbec y entonces la primavera es un incentivo para las grandes curdas nacionales.

 La gente sale más. Los fines de semana agarra la chatita, carga todo, la parrilla, las reposeras, la leña, la nona, el choco y el teléfono celular (adminículo imprescindible para no comunicarse con nadie desde cualquier lado) y encara hacia la montaña a buscar un arroyito serrano, si es posible con sauce a la orilla, para disfrutar de la primavera a pleno, mientras los cacos disfrutan de su ausencia dejándole la casa limpita, limpita. Hoy arranca y arranca nada menos que con el Día del Estudiante.Ya los pibes se están encaminando hacia los espacios verdes donde realizarán su fiesta.

 Ayer, todas las madres se abocaron a la misma tarea gastronómica: milanesas y huevos duros. Esta noche volverán cansados pero sonrientes, mirarán la mesa de su pieza, donde se amontonan sus carpetas de clase, y se acostarán soñando que todo el año es primavera. Llegó la estación del verde, de la esperanza, la prima más linda, el tiempo de brotar y de crecer.Alo mejor debería existir una ley que extendiera el mandato de la primavera por varios meses más. ¡Total! ¿Qué nos pueden cobrar los senadores?