Hoy quiero hablarles de la panza, porque la mía me tiene seriamente preocupado. En el invierno, la panza queda piadosamente oculta debajo de sacos, gamulanes, tapados y sobretodos. En verano no hay nada que pueda esconderla, se destaca notablemente de nuestra anatomía y el perfil se nos extiende hacia adelante como si fuera una sucursal de uno mismo, como un bubón carnal, una península de grasa. El tipo es el que más sufre por esta ampliación no programada de su anatomía. El sedentarismo, la edad y el morfi extremo producen que la panza se enormice y adquiera proporciones muy notables. Es lo más parecido a un embarazo que puede tener un hombre, claro que, en vez de un pibe, adentro tiene ravioles, tortitas raspadas y punta de espalda. Al tipo no le abrochan los botones de la camisa y para prenderse el pantalón tiene que hacer esfuerzos adicionales que pueden producirle hasta calambres de párpados. No puede agacharse lo suficientemente agachado, entonces le cuesta ponerse una media, bufa, suda, respira agitadamente como si estuviera haciéndole cococho a un elefante y no consigue su propósito. Lo mismo le ocurre con los zapatos. Atarse los cordones de los zapatos es para él más difícil que rascarse la espalda con el codo. Pero su mayor pesadumbre es estética, los amigos lo cargan: “Te estás dejando crecer la panza”. “Estás más delgado que mañana”. “Sancho Panza no ha muerto”, son algunas de las opiniones que tiene que soportar el damnificado por sí mismo. Todos los que llegan a él invariablemente le tocan la panza y dicen algo al respecto. Entonces, el tipo, harto ya de no verse el sexo de parado, decide bajar la panza y comienza con ejercicios, abdominales, caminatas que invariablemente terminan en la panadería, y al final, logra estar panzón y cansado. Es el momento del año en que el tipo se descubre, en que se da cuenta de que su ombligo se va alejando de él sin decir adiós. La panza, esa que produce tantos apodos, como: carpa de indio, porque no le entra ningún vaquero; comisario estricto, porque tiene resonando a los botones; fotógrafo distraído, se le caen los rollos; alcancía: lo cargan por la panza; fiat 600, porque tiene el baúl adelante. La panza, esa que demuestra que somos capaces de llegar antes que nosotros mismos.
La panza
Hoy quiero hablarles de la panza,
porque la mía me tiene seriamente
preocupado. En el invierno, la
panza queda piadosamente oculta
debajo de sacos, gamulanes, tapados
y sobretodos
