Diego Sebastián Raffa tenía 32 años cuando fue asesinado de un disparo la madrugada del 7 de agosto del pasado año en Guaymallén. El muchacho trabajaba como electricista, vivía solo en Dorrego y tenía un hijo que en ese momento estaba por cumplir 2 años. A este joven lo acribillaron de un tiro cuando estaba a bordo de su camioneta.

La investigación sostiene que el asesino estaba sentado junto a él, en el interior del rodado. El hecho se reconstruyó en la cabeza de los pesquisas una y otra vez. Se interrogó a quienes lo habían acompañado en las últimas horas e, incluso, se habló con vecinos de la zona donde fue ultimado. Pese a esto, nunca hubo un detenido, ni siquiera alguna persona sindicada como autora del hecho de sangre. Hoy, a más de un año, la causa sigue igual. “Esta muerta”, confió un pesquisa policial que en un momento trabajó en el caso.

Cristina, su madre, mantuvo una charla con El Sol en la que expresó su deseo de justicia y también contó cómo su desesperación la llevó a indagar en los lugares por los que pasó su hijo ese fatídico día, para colaborar con la investigación y encontrar las respuestas que, hasta ahora, la Justicia no ha podido darle.

En su momento, la instrucción estuvo a cargo del entonces fiscal Departamental Mauro Perassi (ahora en Sustracción de Automotores). Pero, tras la eliminación de las fiscalías departamentales, el expediente pasó a la órbita de la Unidad Fiscal de Homicidios y quedó en manos de Claudia Ríos, quien intentará buscar nuevos indicios que le permitan avanzar hacia el esclarecimiento.

Hallazgo y misterio perpetuo

Faltaban algunos minutos para que los relojes marcaran las 6.30 del domingo 7 de agosto del 2016 cuando los vecinos de la calle La Purísima oyeron una serie de detonaciones de arma de fuego. Intuyendo que algo terrible pasaba, algunos se comunicaron con el 911 para avisar sobre la situación.

Efectivos arribaron y rastrillaron la zona. En las inmediaciones de un descampado ubicado entre calles Tomás Godoy Cruz y Roca se toparon con una Renault Kangoo verde, al lado de la cual estaba el cuerpo de un hombre.

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Las puertas delanteras del rodado estaban abiertas, la palanca de cambios en punto muerto y sin el freno de mano. Minutos después, cuando la Policía Científica revisó al occiso, encontró un orificio provocado por un disparo en la zona lumbar izquierda. En la escena no había vainas servidas, por lo que se dedujo que había sido atacado con un revólver. La víctima tenía en su bolsillo su billetera. El DNI decía que su nombre era Diego Sebastián Raffa Salguero.

Al hombre no le faltaban pertenencias y no parecía haber indicios de que la muerte se hubiese producido en medio de un asalto armado. Tampoco había testigos de ningún tipo. Con más interrogantes que certezas comenzaba la investigación que, a priori, les mostraba un oscuro panorama a los pesquisas.

La reconstrucción

De acuerdo con el expediente, ese domingo, Diego iba a asistir a un festejo por el Día de Bolivia que se desarrolló en la Rotonda del Avión, en el límite entre Ciudad y Las Heras. Raffa tenía una especial simpatía por la comunidad del vecino país y un grupo de amigos que tenían una banda de música autóctona lo había invitado.

Diego pasó el día comprando cosas para el cumpleaños de su hijo. Cuando llegó hasta el lugar, al anochecer, la celebración había finalizado. Al parecer, el electricista se sintió mal por haberles fallado a sus amigos, por lo que se ofreció a ayudarles a transportar los instrumentos y a los integrantes de la banda.

Primero pasaron por la casa de Eduardo, líder del grupo musical y hombre de confianza de Raffa. Allí dejaron los instrumentos y a su amigo. Después procedió a “acercar” a otros dos músicos a sus respectivos domicilios.

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Antes, según figura en las fojas, se habrían parado a beber unas cervezas en un local cercano al cruce entre las calles Pedro Molina y Avellaneda. Luego llevó a un hombre de apellido Zambrano al barrio Lihué. Por último, tenía que dejar a un sujeto llamado Rolando García a Ayacucho y Provincia de Mendoza.

A partir de allí se desconoce por qué se dirigió hasta las inmediaciones del descampado donde fue hallado muerto, ubicado a un kilómetro de su última parada. Muchas conjetura surgieron: se metió por desconocimiento y fue una bala perdida, subió a alguien que estaba haciendo dedo, lo atacó uno de los hombres a los que llevó a sus casas o le robaron. Ninguna de las hipótesis llegó a buen puerto, nunca se reunieron las pruebas necesarias para que una de las versiones tomara fuerza. La incógnita continúa.

Entre la depresión y la búsqueda de Justicia

Como toda madre que pierde a su hijo, Cristina Salguero cayó en una profunda tristeza tras el homicidio de Diego. No obstante, la mujer juntó fuerzas y por momentos salió a investigar en las barriadas.

Cristina fue varias veces hasta las inmediaciones de la escena. Sola y expuesta a peligros, golpeó puertas, interrogó a gente e intentó buscar pistas que los investigadores no encontraban.

En la víspera del aniversario de la muerte de Raffa, su madre cayó en la depresión y creyó que comenzaba a perder las fuerzas para continuar su lucha. Pese a esto, en los últimas días salió de su casa y empezó a moverse nuevamente.

“No creo que sea justo que quede impune. No pueden pasar estas cosas, ni a mi hijo ni a nadie más. Alguien lo mató y sigue suelto”, dijo afligida.

La mujer también demostró que no bajará los brazos pese a dificultad que reina para progresar en la pesquisa. “No sé lo que estoy haciendo pero algo hay que hacer. Necesito saber qué es lo que pasó con mi hijo”, expresó.