El paro del campo pegó fuerte en la economía nacional, no sólo por el parate que significó, sino por el desabastecimiento de productos del agro que comenzó a sentirse entonces en las grandes ciudades y que todavía sigue golpeando a los consumidores de gran parte del país. Uno de los problemas es la falta de productos lácteos que constituyen una parte riquísima de la dieta alimenticia de párvulos y adultos.
Nada menos que la leche, que nos acompaña desde el nacimiento. No escasea la leche de madre, porque es muy difícil hacerle un piquete a un seno materno, pero sí la otra leche, la que proviene de las vacas argentinas, que tanta historia han hecho en esto de dejarse ordeñar para atender las necesidades nuestras. Si bien Argentina es el país de la carne, la leche no le va a la zaga en cuanto a necesidades. Es tal vez mucho más importante lo que da la vaca por sus ubres que su cuerpo. ¿Qué hacemos con las canciones niñas, ah?
Ya no podremos cantar “arroz con leche, me quiero casar”. Ahora, el vago no tiene leche ni se quiere casar. La canción fracasa por naturaleza propia. ¿Y el dulce de leche? Esencial en repostería y en los gustos moderados de una población que siempre tiene que moderar sus gustos.
Antes, el que se quemaba con leche veía una vaca y se asustaba, ahora, no tienen con qué quemarse.Uno transcurre por los campos y ve tanta cantidad de vaquitas que dice: “A nosotros no nos puede faltar la leche”, y sin embargo ni leche, ni manteca, ni quesos, ni yogurt, ni cremas. Lo único que falta es que importemos leche, y de Suiza, encima. Suiza, que tiene una sola vaca y, para colmo, violeta, que es la que aparece en la propaganda.
Que nos falte uranio enriquecido, vaya y pase, que nos falten computadoras, vaya y pase, hasta que nos falte combustible se entiende,pero que nos falte leche en el país de las vacas gordas, ¿eran gordas,no? No puede ser. Yo propongo que se haga un lecheducto desde las ubres de las vacas a las grandes ubres, perdón, urbes, y que las madres argentinas puedan volver a llamar a sus culillos cuando a la mediatarde les griten el acostumbrado: ¡ Nene, vení a tomar la leche, desgraciado! En fin, me parece que en este país hay algunos que actúan de mala leche.
